12 de mayo 2008 - 00:00

Ahora Sapag limita su adhesión a Cristina

Escribe Hugo Morales

Neuquén - El gobernador Jorge Sapag dedicó este fin de semana a explicar las limitaciones de su acuerdo con Cristina de Kirchner en el denominado marco de «Pacto del Centenario» y a replicar duramente al ex gobernador Jorge Sobisch y a sus seguidores quienes lo cuestionaron ácidamente por el blanqueo del alineamiento político de Neuquén con el gobierno nacional. En el Cholar, pequeña localidad del norte provincial, Sapag, aclaró que lo firmado en Buenos Aires «se encuadra en el marco institucional» y para nada refleja un acuerdo electoral. El gobernador justificó su alineamiento, que diplomáticamente maquilla como «federalismo de coordinación», en las dificultades por las que atraviesa la presidente Cristina de Kirchner a raíz del conflicto con el campo. Sapag fue el último de los gobernadores patagónicos que, en soledad y estando en Buenos Aires por razones privadas, atendió la llamada de Oscar Parrilli, secretario general de la Presidencia, para acudir a la Casa Rosada y estampar su alineamiento.
Pero en realidad el actual mandatario neuquino ganó sus elecciones en la Provincia bajo el argumento de una alianza sin disimulos con el kirchnerismo y ello le valió el apoyo de más de 48 por ciento de los votos contra 30 por ciento de su más inmediato seguidor, el también kirchnerista y radical K, Horacio Quiroga. Este 70 por ciento -habría que restarle algunos porcentajes de los aliados menores -ex sobichistas y ex menemistas como los actuales diputados provinciales Daniel Baum y Horacio Rachid- tiñó el mapa electoral provincial durante 2007 con una marcada tendencia de apoyo hacia la política del matrimonio Kirchner. En contrapartida, para las últimas presidenciales Sobisch apenas llegó a 19 por ciento, detrás de Cristina de Kirchner y de Elisa Carrió.-
Con esta carta electoral en la mano, Sapag calificó de «trasnochados» y «políticos de guarida» a sus críticos más notorios que se identificaron en las personas de Oscar «Cacho» y Gloria Sifuentes, dos incondicionales de Sobisch, quien -sintomáticamente- reapareció públicamente en la semana para dejar sentada su presencia, ignorando los escraches por sus presuntas responsabilidades políticas en la muerte del maestro Carlos Fuentealba.
 Interna
En el trasfondo comienza a dispararse la interna del MPN, partido gobernante que aún controlan dos acólitos del ex gobernador como son el ex diputado nacional Alberto «Tucho» Pérez a cargo de la Junta de Gobierno y Federico Brollo, ex vicegobernador, que detenta la presidencia de la Convención. Precisamente es este cuerpo orgánico, el único con facultades legales, para determinar acuerdos o pactos electorales o partidarios entre el MPN y otras organizaciones o poderes estatales.
No es extraño, entonces, que desde San Martín de los Andes, Luz Sapag -actual intendente, hermana del gobernador y ex senadora nacional de inocultable relación con Alicia Kirchner y trato fluido con la Presidente- se haya lanzado a ocupar la presidencia del MPN y adelantar el cambio de autoridades partidarias, cuyo vencimiento está establecido recién para 2009. Sapag, intendente, ya alineó detrás de sí a las seccionales de la zona sur y avanza confiada en lograr apoyos de las bases disconformes con los distritos más poderosos -ciudad de Neuquén, Plaza Huincul, Cutral Có, Centenario y otras aledañas a la capital- cuyas conducciones aún responden a Sobisch o son renuentes a aceptar la dirección de Sapag, gobernador.
Contra este avance del sapagismo, se plantará en los próximos días el actual diputado nacional José Brillo. Este ex candidato a intendente que perdió la municipalidad capitalina en manos del devaluado radical K, Martín Farizano, cree que puede unir a los dos extremos en que se haya dividido el partido gobernante. Sin embargo, el miércoles mientras Sapag firmaba el acuerdo con Cristina, desde sus oficinas en el Congreso, salió un comunicado de críticas al gobierno nacional y apoyo al campo.
Pero la necesidad tiene cara de hereje y, como analizó este diario, Sapag necesita imperiosamente del apoyo de la Nación para mantener la gobernabilidad en su provincia. Con un déficit declarado de $ 425 millones anuales, espera que el matrimonio presidencial cumpla sus promesas -hasta ahora ha sido de un amarretismo alarmante- de asistir a Neuquén en materia financiera y de acceder a pagar más por su petróleo y gas. En esa pulseada no está solo porque cuenta con el apoyo del sindicalista petrolero, Guillermo Pereyra, hombre de acceso rápido a Julio De Vido, al resto de los gobernadores patagónicos -Mario Das Neves (Chubut) y Daniel Peralta (Santa Cruz)- y de los «popes» de la industria como Antoni Brufau y Enrique Esquenazi (Repsol-YPF) y Carlos Bulgheroni (Pan American Energy), apoyado en Das Neves y su par, Mario Mansilla.
Es que el alineamiento va más allá de lo político para enraizarse en los laberínticos meandros de la economía. Sapag apuesta fuertemente a la renegociación de las áreas petroleras -un negocio que dejó con la sangre en el ojo a Sobisch- y en las obras públicas prometidas por Nación: las centrales hidroeléctricas ($ 1.000 millones) y las más de 4.000 viviendas ($ 400 millones) que De Vido retiene en sus múltiples dependencias. Esta «devidodependencia» tiene sus riesgos ya que la ventura política de Sapag dependerá de la estrella ministerial del principal arquitecto kirchnerista. Lo contrario si el bendecido es Alberto Fernández, porque entonces, quien verá aumentar sus chances con vistas al 2011 es el actual subsecretario de la Cancillería, Horacio Quiroga que no resigna sus aspiraciones para volver a la pelea electoral por la gobernación. Claro, que en ese caso, se dará -como irónicamente tituló Quiroga- una fuerte interna del kirchnerismo neuquino. Por ello los carteles de Sobisch y sus acólitos pusieron el dedo en la llaga: «El MPN no será K».

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