17 de diciembre 2007 - 00:00

Asume hoy Fabiana Ríos la gobernación de T. del Fuego

Tierra del Fuego (especial) - A una semana de la asunción de Cristina de Kirchner como la primera presidente electa, otra mujer -Fabiana Ríos- le arrancará hoy parte del protagonismo nacional.
Lejos de la Casa Rosada, todas las miradas se dirigirán a tierra fueguina, donde la ex legisladora nacional será ungida anticipadamente, por la grave crisis financiera. Ríos se colgará así dos medallas históricas: la de primera mandataria provincial electa en la Argentina, y la de primera gobernante con el sello del ARI.
Doble responsabilidad y gran exposición pública -incluso, con potenciales ribetes 2011- para esta farmacéutica rosarina, quien sucederá desde hoy al deshilachado mandatario Hugo Cóccaro, perdidoso postulante a la reelección por el Frente para la Victoria.
El evento ameritará la coexistencia en el mismo recinto de dos enviados del gobierno nacional -el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el ministro del Interior, Florencio Randazzo- con la fundadora del ARI y ex candidata presidencial por la Coalición Cívica, Elisa Carrió, luego de los dardos cruzados disparados entre Fernández y Carrió en el marco de la campaña y poscampaña electoral.
En la antesala al acto, ya Randazzo confirmó que el gobierno nacional colaborará con la gestión de Ríos, porque conoce bien la «situación complicada» por la que atraviesa la provincia, a partir de «un déficit importante, un grave endeudamiento» y una relación de número de empleados públicos por habitante «sobredimensionada». «Nos reuniremos con la gobernadora para conocer su plan para que la provincia se recupere, y ver cómo podemos colaborar desde el gobierno nacional», adelantó.
El escenario es más que delicado, a partir de la existencia -según fuentes aristas- de un endeudamiento de cerca de $ 1.000 millones, y de un déficit mensual aproximado de $ 30 millones.

 Auxilio

Por estas necesidades, Ríos ya gestionó ante el gobierno nacional financiamiento por 150 millones de pesos. Los oídos de los ministros se mostraron mucho más receptivos para sus planteos que para los del saliente Cóccaro, a lograr arrancarle al por entonces presidente Néstor Kirchner una promesa de auxilio financiero para el primer semestre de 2008. Esa buena sintonía hoy volverá a quedar ratificada con la presencia de Fernández y Randazzo en el acto.
Como contrapartida, el gobierno fueguino encarará una política de fuerte contención del gasto, que incluirá tijeretazos en la planta política del Estado.
Ríos dio la sorpresa el pasado 24 de junio, cuando en el marco de una escandalosa campaña electoral -que la benefició- venció en el ballottage a Cóccaro. Una semana antes, el ARI había logrado un inesperado segundo puesto, detrás del FpV, relegando a un catastrófico tercer puesto a Jorge Garramuño (Movimiento Popular Fueguino).
El pasado jueves, la Legislatura le aceptó a Cóccaro -casi por unanimidad- su renuncia, que se hará efectiva hoy. Debido a la grave crisis financiera, la arista deberá tomar las tensas riendas en forma adelantada, ya que constitucionalmente el traspaso debía concretarse el 10 de enero.
A la hora de justificar su dimisión, Cóccaro se apoyó en la inconveniencia de sostener una transición tan extensa, que en rigor fue por momentos agónica, dada la inminencia del cambio de signo político y, fundamentalmente, las graves urgencias financieras que salieron a flote tras las elecciones.
Parte de ese ahogo en las cuentas se debió, precisamente, a los imparables anuncios salariales con los que Cóccaro, durante la campaña, buscó mejorar su suerte en las urnas.
 Gentilezas
Con su desembarco hoy en el acto, Carrió devolverá así gentilezas a la flamante gobernadora, al pisar suelo fueguino pese a que los legisladores nacionales del partido por esa provincia militan en filas internas disidentes. A fines de noviembre, Ríos se había colocado hombro a hombro con Carrió en plena tormenta, cuando la ex candidata presentó su «Movimiento por la paz y la no violencia, de mujeres, jóvenes y hombres». Ayer, por la tarde, ambas mantuvieron un encuentro en Ushuaia.
También serán de la partida los diputados nacionales del ARI Fernando Sánchez, Elsa Quiroz y Susana García; la titular del Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI), María José Lubertino, y enviados del gobierno municipal de Rosario y del provincial de Santa Fe (ante la ausencia con aviso del también flamante gobernador socialista Hermes Binner, quien sí contó con la presencia de Ríos en su asunción del pasado martes).
 Agenda
Ríos jurará a las 15 en la Legislatura -sobre una Constitución nacional personal- junto con su vicegobernador, el ex jefe de fiscales y extrapartidario Carlos Basanetti. En ese momento, recibirá de manos de Hugo Cóccaro un bastón artesanal de mando. Previamente -a las 10, en el gimnasio municipal de Ushuaia- jurarán los nuevos integrantes de la Legislatura, quienes tendrán su primera sesión.
Como en el caso de la asunción de Cristina de Kirchner, también el ungimiento de Ríos será enmarcado en un asueto público administrativo. Sin embargo, en este caso el objetivo es facilitar una auditoría general de la Tesorería y la Contaduría General provinciales. La tarea será llevada adelante por la Auditoría General de la Nación, a pedido de las autoridades electas.
Tras el pronunciamiento de la ciudadanía fueguina, la gestión de Cóccaro cayó virtualmente en picada, de la mano del creciente ahogo de las cuentas locales, que repercutió en graves falencias en las prestaciones del Estado. Por caso, se acumularon deudas con proveedores, mientras que varias veces entraron casi en colapso los hospitales y centros de salud provinciales. Inevitablemente, la crisis alcanzó también a los municipios.
Durante los tensos meses de transición, Ríos se dedicó además a tejer contactos con los sectores clave de Tierra del Fuego. Una pretensión clave, en ese sentido, apuntó a arrancarles a los gremios una promesa de tregua de seis meses, destinada a darle aire para reconstruir los desgastados hilos de la provincia.
Sin embargo, al menos hasta el momento, los sindicatos parecen no estar dispuestos a resignar sus pretensiones salariales.

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