1 de febrero 2006 - 00:00
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Seis kilómetros
Este escenario generó un gigantesco embotellamiento en la ruta que conduce a la costa atlántica -se originó una fila de autos de 6 kilómetros-, por lo que los automovilistas debieron recurrir a desvíos por caminos de tierra, con el peligro que ello conlleva si se trata de una afluencia importante de vehículos.
Ayer el ministro de Trabajo de la Nación, Carlos Tomada, recibió en su despacho al empresario Sergio Taselli, propietario de Gándara, con el objetivo de destrabar el conflicto, que lleva cerca de tres meses. Finalmente esa cartera dispuso la conciliación obligatoria por 15 días.
Los trabajadores reclaman el pago de salarios adeudados y del aguinaldo correspondiente a 2005, así como también la continuidad de los puestos de trabajo para unos 850 trabajadores que la compañía tiene en todo el país.
Escenario
Los empleados -de plantas de Pilar, Carapachay, Trenque Lauquén y Chascomús, entre otros puntos- se concentraron desde temprano a la vera de la Ruta 129, cerca de su intersección con la Ruta 2. En paralelo, fue desplegado un fuerte operativo de seguridad, tendiente a evitar el corte en la autovía que vincula la zona metropolitana con la costa
atlántica en esta crucial fecha.
Sin embargo, poco después de las 9.45, los trabajadores accedieron a la Ruta 2 luego de correr a través de los campos adyacentes y, pese al operativo de seguridad, lograron cortar las dos manos de la autovía, a la espera de una respuesta a sus demandas, y en medio de una fuerte humareda generada por la quema de neumáticos. Tres horas después, luego de que los trabajadores decidieron retirarse de la ruta, la Policía logró liberar el paso y restablecer el tránsito.
Según voceros de los trabajadores, la empresa fue comprada por Taselli, quien «en primera instancia pagó los sueldos, pero luego, con el argumento que no podía pagarles a los tamberos, se fue quedando sin materia prima, y el 24 de octubre de 2005 la fábrica se cerró».
En este marco, la intendenta de Chascomús, la radical Liliana Denot, apoyó ayer la protesta, al señalar que «no son delincuentes ni activistas» sino que «están defendiendo sus fuentes de trabajo y quieren la atención de las autoridades».




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