21 de julio 2003 - 00:00
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Quilmes, hoy considerado el partido más politizado y con llegada al gobierno nacional y provincial (Aníbal Fernández y Federico Scarabino), ofrece un amplio abanico ante la «cuasi huida» de Fernando Geronés del municipio.
Y Avellaneda muestra un intendente muy débil, con un porcentaje muy alto de imagen negativa y dos propuestas serias y con chances de acceder al Ejecutivo, como son los dos ex candidatos «Cacho» Alvarez de Olivera (oficial PJ) y Luis Sagol (ex radical y ahora vecinalista con Acción Avellanedense). Precisamente Sagol acusó al intendente Oscar Laborde de haber provocado la declinación de este distrito a partir de las falencias que se generaron desde el municipio. «El criterio partidista
-agregó- superó la atención de toda la gestión y no se llegó a percibir el espíritu del vecino porque la mayoría de los dirigentes del Ejecutivo no son de Avellaneda».
Sagol fue intendente durante dos períodos y ocupó una banca en el concejo durante tres. Es muy reconocido y las encuestas lo marcan en la disputa final. Se manifiesta municipalista fervoroso y como columnas de su campaña propone crear un Agente Financiero para asistir a entidades intermedias, generar un Ente de Negocios (basado en una experiencia realizada en Nantes, ciudad que hermanó mientras era intendente), fundar una Universidad de la Cultura que otorgue títulos terciarios y realizar una profunda reforma municipal, profesionalizando la administración y organizando los servicios.
En este marco, el tema de la seguridad ocupa el primer nivel en el escenario electoral bonaerense. No sólo en el conurbano sino también en la provincia interior, ya que los intendentes de Villa Gesell, Pinamar, Partido de la Costa, Madariaga y General Lavalle le pidieron al gobernador una Fiscalía y una Subdepartamental para esa amplia región desprotegida, que depende de los Tribunales de Dolores. La traba estaría -dicen- en el ministro de Felipe Solá, Alfredo Meckievi, quien se postula como candidato a intendente en ese partido y no quiere resignar poder.
El jefe comunal de Tigre, Ricardo Ubieto -recientemente incorporado a su gestión luego de casi 40 días de reposo obligado por su fractura de fémur- es el más admirado por sus pares por su sistema de seguridad y firmeza de decisiones en la administración local. En el último mes incorporó 10 nuevos patrulleros y en agosto adquirirá otros tantos, y desde el municipio se aporta también para el mantenimiento de patrulleros y edificios y pagos de pasantías en comisarías. Ubieto explicó que «además de la presencia de los móviles hemos generado un cerco en todo el distrito, con casillas con vigilantes adentro y presencia en todos los puentes. Aún no nos han preguntado sobre cuál es la estrategia con Gendarmería y Prefectura, lo cierto es que falta personal».
Otro modelo de gestión en seguridad es el que ha impulsado el intendente Alejandro Granados en Ezeiza, que consiste en la sectorización del distrito en 18 zonas, dotadas de una moderna unidad policial adquirida recientemente por el municipio y la Policía Bonaerense. Los móviles son conducidos por agentes retirados de las distintas fuerzas de seguridad (contratados por el municipio), acompañados por otro en actividad. Esto permite al vecino sentirse acompañado y protegido. Granados desmintió rumores sobre alejamiento de la postulación e insinuó que va a superar a la segunda fuerza por más de 30 puntos. En las elecciones anteriores, el actual mandamás de Ezeiza superó 60% de los sufragios.
Por su parte, Carlos Brown, ex funcionario de Eduardo Duhalde y con intenciones de volver a la intendencia de San Martín, calificó a la gestión de Ricardo Ivoskus como la responsable de que este importante distrito se haya convertido, aseguró, «en la capital nacional del secuestro extorsivo y de la basura».




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