31 de mayo 2004 - 00:00

Desde mañana, otras siete provincias cambian la hora

Confuso y hasta caprichoso en algunas situaciones, el retraso de la hora ha generado diversas opiniones sobre si su aplicación generará efectivamente un ahorro en la energía. Pero lo cierto es que, desde mañana, en 9 distritos del país será una hora más temprano respecto al resto del país. La astrónoma Felicitas Arias, jefa de la Hora en la Oficina Internacional de Pesos y Medidas, defendió el atraso de una hora, pero opinó que todo el país debería cambiar sus relojes en esa dirección para aprovechar mejor la luz natural.
 «Absurdo»
«Es absurdo que tengamos dos husos horarios con nuestra extensión en longitud. Entre Mendoza y Buenos Aires hay un sólo huso de distancia y no vale la pena que haya dos horas distintas», opinó la especialista argentina, que antes de trabajar en la oficina parisina a nivel mundial dirigió durante diez años el Observatorio Naval de la Ciudad de Buenos Aires.
Arias justificó la decisión de las provincias que cambiarán su hora hoy al remarcar que
«hay números del Oeste argentino que muestran picos de consumo en horas de la mañana», pero subrayó que con dos husos horarios distintos «se generan situaciones que le amargan la vida a la gente que vive cerca de los límites provinciales».
El argumento central de quienes impulsaron el cambio de hora en las provincias occidentales del país es que
el consumo global es mayor en horas de la mañana que por la tarde o la noche.
«La Argentina está en 90 por ciento en el huso 4, que es el que más le conviene. Si quisiera debería cambiar al huso 3 (de uso actual) en verano», puntualizó.
La astrónoma sostuvo que «no existe ningún país de nuestra extensión en el mundo que tenga dos husos horarios», y citó el caso de los Estados Unidos, Canadá, Rusia y China, que tienen un promedio de siete husos horarios de longitud.
«Existe una ley que pone a todo el país en una hora que le conviene a todos», recordó Arias, en referencia a la sancionada en 1999 por el Congreso, que decidió no poner en práctica el entonces presidente
Fernando de la Rúa.
«Quien está en contra de esta ley tiene la suficiente fuerza y poder económico para bloquearla.
De la Rúa sacó un decreto que frenó la ley de 1999, y desde entonces no se habló más porque en la Argentina pareciera que si no hay escasez energética nos comportamos como si sobrara la plata», se quejó finalmente.

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