10 de diciembre 2002 - 00:00

Faro Recalada aún guía a navegantes

Su primer equipo de iluminación fue un Barnard-Barbier que tenía dos lentes de 180 grados, con una lámpara incandescente por vapor de petróleo, y que emitía destellos blancos simples, de cinco en cinco segundos.
Años después, en 1928, se le aplicó un sistema luminoso automático, en 1976 se lo sustituyó por uno giratorio con método óptico de lentes, y
actualmente el equipo está conectado a la red urbana de alumbrado con una lámpara de 1.000 vatios, además de poseer un equipo electrógeno de emergencia.
El sistema es giratorio y cada vuelta completa dura 27 segundos, lapso durante el cual se generan tres destellos con un alcance de
28 millas náuticas, es decir, 52 kilómetros. Situado a unos cinco kilómetros del centro del balneario, desde el faro Recalada, cuyo punto más alto se ubica a los 67 metros, se contempla Monte Hermoso, el balneario Sauce Grande y un bellísimo paisaje de lagunitas, campos y pequeños bosques. Un espectáculo reservado sólo a quienes se animan a subir por los 327 peldaños de su escalera de caracol; un desafío que vale la pena.

La historia de los faros en la Argentina reconoce como un hito importante al año 1811, cuando el entonces presidente Julio Argentino Roca creó la comisión de Faros y Balizas para estudiar la señalización de la extendida costa atlántica.
Pero fue el 22 de noviembre de 1881 que se instaló una farola, con 12 millas de alcance, en la cima del accidente costero conocido como Monte Hermoso, una colina muy particular ubicada sobre un médano cercano a Punta Alta.

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