31 de octubre 2005 - 00:00
La Cumbre de las Américas y un llamado a “respetar” Mar del Plata
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El intendente de Mar del Plata hizo ayer un llamado en ese sentido y pidió «respeto» hacia la ciudad, al mismo tiempo que garantizó «la más absoluta libertad» para que todos se movilicen y expresen sus opiniones o posturas.
Durante los próximos días, las miradas de todo el mundo estarán puestas en este encuentro internacional de presidentes que se llevará a cabo en nuestro país. Más allá de la importancia estratégica e institucional que tendrá la Cumbre, es muy importante para la Argentina ser sede de un encuentro de tal jerarquía. Cabe esperar que la oportunidad no se vea empañada, entonces, por ningún exceso ni cuota de violencia.
Quienes se movilicen para fijar posiciones disidentes o contestatarias deberían hacerlo sin romper nada. Sería el mejor ejemplo que el país podría dar.
El encuentro de mandatarios que se realizará la semana que se inicia implicará, como se sabe, un impresionante operativo de seguridad, con el despliegue de fuerzas federales y provinciales, y distintas restricciones en la utilización de espacios públicos. Cabe esperar, sin embargo, que los uniformados no se vean obligados a actuar ante desbordes de violencia en las manifestaciones y que no se vean -esta vez- las imágenes que han caracterizado a otras cumbres de presidentes en distintas ciudades del mundo.
En este marco, el pedido de «respetar a Mar del Plata» podría interpretarse en un sentido más amplio. No sólo en la búsqueda de evitar protestas violentas, sino también en la necesidad de procurar una utilización cuidadosa y racional de los espacios públicos. Mar del Plata -no hace falta decirlo- es una de las ciudades argentinas más hermosas, habitada transitoriamente -además- por gente de todo el país. Cuidarla es, entonces, una obligación de todos.
En otro orden, deberán asegurarse los máximos esfuerzos para que el encuentro internacional afecte lo menos posible la vida cotidiana de los marplatenses. El operativo de seguridad seguramente ocasionará algunas dificultades y trastornos. Cabe esperar que se atenúen al máximo.
En definitiva, debe aguardarse que todos los sectores involucrados en la organización de la Cumbre de las Américas, así como las fuerzas de seguridad y también los manifestantes críticos hagan -cada uno desde su lugar, por supuesto- un aporte a la convivencia pacífica y ordenada que debería enmarcar a este importante encuentro de líderes americanos.




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