Y no podía serlo porque se trataba de una ciudad soñada. La había soñado años antes el escritor Julio Verne en su libro «Los quinientos millones de la Begum», donde la describe ya como un cuadrado perfecto con avenidas arboladas cada seis cuadras, diagonales y plazas en sus cruces.Para plasmar ese sueño, se reunió a un equipo de prestigiosos urbanistas, encabezado por el ingeniero Pedro Benoit. Tenía que ser una ciudad de vanguardia. Y así lo fue. Unos pocos años más tarde, en la Feria Internacional de París, su fundador, Dardo Rocha, supo que no se había equivocado al recibir de manos del propio Verne un reconocimiento por la obra.
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Ha pasado más de un siglo desde entonces; la ciudad ha crecido y la idea de lo que era vanguardia es hoy historia. Sin embargo, el diseño urbanístico de La Plata sigue siendo objeto de admiración. A tal punto que por ese motivo la UNESCO la considera como una posible candidata a ser declarada Patrimonio de la Humanidad.
Pero no se trata sólo de su diseño urbanístico. A la capital de la provincia le sobran sitios para recorrer y admirar. Y es que durante la década del ’0, La Plata despertó de un largo sueño. Amplió su infraestructura urbana básica casi en la misma proporción que en toda su historia anterior; duplicó el espacio verde por habitante (de 6 a 12 metros cuadrados), y recuperó edificios emblemáticos, en su mayoría para la cultura. Así vio concretarse dos grandes anhelos. Uno de ellos es el Teatro Argentino (51 entre 9 y 10), que tras un incendio volvió a ser levantado y hoy no sólo es el segundo coliseo del país, sino uno de los escenarios más importantes del mundo por su tecnología. En su Sala Lírica, que alberga a 2.200 espectadores, recalan regularmente compañías de ballet y ópera de prestigio internacional.
El otro gran anhelo en concretarse fue la finalización de la Catedral (14 entre 51 y 53), el templo neogótico más importante de Sudamérica, y uno de los más impresionantes del mundo. Comenzó a construirse en 1885, fue inaugurada en 1932 y recién el 19 de noviembre de 1999 fueron terminadas sus dos torres principales -de 127 metros de altura-, el conjunto campanario y un grupo de torretas y pináculos que completan el diseño original de Pedro Benoit.
Producto de esa misma transformación que experimentó La Plata durante los ’0 es el Centro Cultural Islas Malvinas (50 entre 19 y 20), que se levanta sobre las ruinas del ex Regimiento 7. El que fuera escenario de un capítulo de la historia argentina tan penoso -como la partida de soldados a la Guerra de Malvinas-, es hoy el principal centro del arte joven platense.
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