16 de enero 2006 - 00:00

Sigue el boom inmobiliario en Rosario

Lo que fue descripto como uno de los fenómenos de expansión más notorios del país se traduce en alrededor de 200 edificios construidos en la ciudad santafesina desde 2003 hasta la fecha y la fiebre de demanda por terrenos en el centro rosarino.

«Hay una gran demanda de terrenos en la parte céntrica de la ciudad, entre el bulevar Oroño, la avenida Pellegrini y el río Paraná», describió el titular de la Cámara de Empresas Inmobiliarias de Rosario, Alejandro Juri, quien cree que el fenómeno se prolongará en «el mediano y largo plazo».

Mientras la construcción de edificios destinados a vivienda continúa y hay interés de grupos inversores de levantar edificios para oficinas, también se anunció la construcción de hoteles para atender el flujo turístico.

Muchos de los nuevos proyectos son pisos exclusivos, frente el río; departamentos a estrenar de uno o dos dormitorios que se cotizan entre u$s 800 y u$s 1.000 por metro cuadrado. Algunos llegan a u$s 1.200.

A su vez, a la construcción de edificios se sumó la inauguración de dos grandes shopping: el Portal de Rosario, del grupo Cencosud; y Alto de Rosario, del grupo Los Altos.
Por su parte, la municipalidad rosarina también hizo su parte, ya que realizó obras de infraestructura y de embellecimiento de la zona ribereña, que va expandiéndose hacia el norte de la ciudad. También, a manera de preservación, fue limitada la construcción en la zona de Pichincha, de casas bajas, y la de bulevar Oroño, al tiempo que se terminaron de construir los accesos a la ciudad.

Una de las respuestas a la explosión inmobiliaria se encuentra en que el entorno urbano rural de la ciudad es un enclave sojero-aceitero, y muchos productores agropecuarios destinan parte de sus importantes ganancias a formar fideicomisos para construir edificios.

Por su parte, Juri señaló que a las inversiones de los chacareros se sumaron las de los comerciantes y de los pequeños y medianos empresarios que lograron remontar las consecuencias de la crisis de 2001. «Hay una gran masa de dinero sobrante canalizada en proyectos inmobiliarios», aseguró.

Entre los rubros de pequeñas o medianas empresas que más florecieron tras la crisis se destacan las fábricas de autopartes, de indumentaria y de electrodomésticos, así como el sector maderero.

Tres son los destinos usuales de las viviendas compradas por inversionistas: destinarlas a sus hijos cuando van a estudiar a la universidad, alquilarlas y venderlas, aunque en este caso, con el producido entran en otro proyecto inmobiliario.

Como sombra del auge inmobiliario y sojero-aceitero, Rosario no escapa a la existencia de villas miseria que circundan a la ciudad. Una de ellas denominada Villa La Lata, fue urbanizada por el municipio y lo mismo se planea hacer con otros asentamientos.


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