3 de septiembre 2003 - 00:00

Solá prepara anuncios antes de su show final

Con fuegos de artificio y cotillón de campaña, Solá buscará atraer el ojo público sobre su campaña bonaerense de por sí insulsa por la falta de atractivos -hace tiempo la elección tiene final cantado- y, encima, opacada por la riña porteña entre Aníbal Ibarra y Mauricio Macri.Pero antes del festival, donde Solá compartirá tablas con Chiche Duhalde, el jefe local Alberto Balestrini (que promete sacar 300 mil votos de diferencia) y, a su pesar, Carlos Ruckauf -entre otros tantos candidatos a diputados nacionales- anudará dos últimas medidas de campaña-gestión.
Ese será el último aporte de Kirchner a la campaña del PJ bonaerense, un gesto que actúa también en defensa propia: ante la incertidumbre por la elección porteña, Kirchner se subió a la de Buenos Aires, donde tiene un festejo garantizado, algo que no ocurre con Ibarra.
Antes de eso, luego de enfocar por imposición el tema seguridad con un «plan antidelito» que, según las estadísticas oficiales, arrojó buen resultado, Solá planificó otras medidas que escapan a la urgencia diaria: por caso,
el control de la venta de alcohol, todavía en proceso.
En paralelo, anunció un plan de contención para adolescentes -una mecánica que calcó de Brasil, que prevé abrir los colegios durante los fines de semana- y ahora pautó otros dos anuncios: por un lado,
una reforma en Educación y, por otro, un programa de contención laboral.
Este viernes presentará en La Plata su plan educativo y la semana próxima hará lo mismo
con un sistema de «contención» de desocupados. Cubre así otros dos ejes -además de Seguridad y política social- de lo que define como «modelo» de gestión para su segundo mandato.
Sin enemigos externos de peso, Solá terminó empantanado en el juego de la riña de entrecasa. Por eso, sus toreos a
Carlos Ruckauf y las pataletas, correspondidas del otro lado, contra el duhaldismo, que insiste en descalificarlo advirtiendo que, desde la candidatura para abajo, todo se lo debe a Duhalde.
Lo esperan meses agitados. Hasta ahora, salvo
Alfredo Meckievi, confeso ultraduhaldista, Solá no tuvo que ceder cargos al jefe del PJ. Aunque presume que con votos propios tendrá más autoridad, nada indica que luego de setiembre tenga que empezar a compartir espacios.
De hecho, los caciques duhaldistas afilan las uñas para desembarcar en la provincia y tomar por asalto varias oficinas: el Senado, donde mandará
Graciela Giannettasio, y Diputados, en reino atomizado y complejo, figuran entre los primeros objetivos de la brigada de Lomas.
Antonio Arcuri, por caso, se prueba el traje para quedarse con la jefatura del bloque de senadores. No le será fácil desplazar a Juan Amondarain, alakista en buena sintonía con Solá y pilar del combo que controla la Cámara alta de la mano del felipista Hugo Corvatta.
Diputados aportará una ironía: el PJ tendrá mayoría propia, pero, como ocurrió hasta ahora, son más crueles los propios que los ajenos a la hora de negociar las leyes. Una paradoja de la hegemonía que, todo indica, ostentará el peronismo en Buenos Aires desde el 10 de diciembre.
Hay otro dato: a poco de ganar, Solá empezará su retirada. Sin margen para otro mandato -salvo una reforma constitucional-, se redoblará el acecho de Chiche, que blanqueó su interés por 2007, y de otros como
Aníbal Fernández, Alfredo Atanasof o «Juanjo» Alvarez, que se ilusionan con esa fecha.

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