12 de diciembre 2007 - 00:00

Subtes en Córdoba: ¿otro sueño fantástico?

Escribe Gustavo Bastos

Córdoba - Más dudas que entusiasmo provocó en Córdoba el anuncio del secretario del Transporte, Ricardo Jaime, sobre el análisis de un proyecto que contempla la construcción de 14 kilómetros de subterráneos en la ciudad Capital. Salvo alguna excepción (fundada en la más estricta lógica de la conveniencia), la mayoría de los constructores y empresarios ligados al negocio del transporte pusieron la iniciativa en el mismo nivel de viabilidad y categoría que el del tren bala Buenos Aires-Rosario: «Está desproporcionado», aseguró a Ambito Nacional uno de los líderes entre los constructores cordobeses, que prefiere el off the record para opinar sobre cuestiones que pueden incomodar a los hombres del gobierno, es decir, a uno de sus principales clientes.
Las carpetas con la propuesta ya fueron entregadas por Jaime al flamante jefe comunal cordobés Daniel Giacomino. Se trata de una iniciativa del grupo privado que integran las constructoras Iecsa y Gela (esta última italiana) para construir un subterráneo que enlazaría el extremo noroeste de la ciudad con la Ciudad Universitaria, pasando por el centro mismo de Córdoba.
Estiman una inversión de 1.100 millones de pesos, con obras que demandarían casi todo el período que acaba de iniciar Giacomino. Esto, al menos en una primera etapa, con proyección a integrar una red con ferrourbanos que conecten la capital con ciudades del Gran Córdoba.
Sin embargo, no se han conocido, por ahora, mayores precisiones, por lo que los aspectos centrales del plan (plazos, sistemas de explotación, rentabilidad, proyección de cuadros tarifarios, etc.) permanecen sin valoraciones.
Esta situación, asociada a lo monumental de la obra, son dos de los tres principales fundamentos de los escépticos y refutadores.
El tercero es nada menos que la situación global de los sistemas de transporte público que obligarán al nuevo jefe comunal en Córdoba a enfrentar una agenda con algunos de los siguientes puntos críticos:
c Déficit crónico de la empresa estatal de transporte urbano. Este año, el financiamiento directo del Tesoro municipal a esa empresa llegará a los 40 millones de pesos. Es una de las tres compañías que brinda el servicio de colectivos, y la única estatal. Se estima que tiene una planta de personal con 600 empleados en exceso (todos incorporados políticamente) con salarios en escala Suiza.
c El sistema de taxis y remises es una bomba de tiempo. Giacomino hizo pública su intención de unificar los sistemas (de hecho, funcionan casi sin diferencias), y puso en pie de guerra al sector de taxistas que, aseguran, resistirán un nuevo avance de quienes, según ellos, entraron por la ventana a la sistema. En realidad, entraron empujados por el desempleo y hoy por hoy representan una proporción en cuanto a población transportada equivalente a 30% del total. Es decir, ya es un sistema masivo que cubre los déficit que deja y no resuelve el colectivo.
c Inminente ajuste tarifario en ambos sistemas. Tanto colectivos, como taxis y remises deberán ajustar sus tarifas en los próximos meses. Las exigencias electorales hicieron que el antecesor de Giacomino no las tocará en el último año, pero tanto los empresarios del transporte de colectivos, como los permisionarios de taxis y remises exigirán cubrir los desfases de la inflación. Algo similar ya anunció la provincia para el sistema de media y larga distancia, donde los aumentos de tarifas rondarán 30% desde enero.
Con estos asuntos, casi elementales, en la agenda del transporte de Córdoba, las chances de Giacomino para analizar embarcarse en un plan faraónico de subterráneos son, según opiniones casi unánimes, limitadas. «Habrá que resolver una agenda más doméstica y elemental primero».

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