5 de diciembre 2007 - 00:00

Sugestiva designación en el gabinete de Mendoza

Mendoza - La conformación del futuro gabinete mendocino comenzó a despertar polémica luego de que el gobernador electo, el justicialista Celso Jaque, ofreciera el estratégico cargo de ministro de Seguridad a Juan Carlos Aguinaga, demócrata que en los últimos comicios se postuló para el cargo de vicegobernador y apoyó la candidatura de Roberto Lavagna.
Jaque apoyó en gran medida su campaña proselitista en la lucha contra la inseguridad e incluso muchos creen que esa fue la clave de su triunfo, al formular fuertes críticas a la gestión del saliente gobernador y vicepresidente electo, Julio Cobos.

 Repercusiones

Ahora, la apuesta de nombrar a Aguinaga -juraría el domingo próximo y, según trascendió, pidió que «lo dejen hacer»- tendrá repercusiones en el poder central, ya que implica delegar el manejo de la seguridad en un hombre de signo conservador, con postura antagónica al garantismo que promueven los Kirchner a nivel nacional. Será tarea de Juan Carlos Mazzón, promotor político de Jaque, el dar explicaciones al matrimonio presidencial.
Delegando Seguridad en el demócrata Aguinaga, Jaque termina conectado con Lavagna y la UCR ortodoxa que le dio respaldo en los últimos comicios. También aparece Elisa Carrió en el cuadro, ya que el designado ministro tiene amistad con el destituido juez federal Luis Leiva, candidato a gobernador de «Lilita» el 28 de octubre.
Se teje así una suerte de extraña y contradictoria transversalidad, luego de que Cobos viera frustrado su intento y sólo lograra aliarse con un sector del justicialismo -kirchneristas liderados por Enrique Thomas- para los últimos comicios.
En rigor, Cobos había intentado al principio de su gestión un acuerdo con el PJ y los demócratas para ejecutar una política de seguridad con fuerte consenso político. En ese entonces, el nombre de Aguinaga sonó fuerte, pero el oficialismo terminó bajándole el pulgar. Al parecer, este abogado penalista, de vínculo personal con Carlos Balter (en las elecciones de 2003 coordinó la campaña presidencial de Ricardo López Murphy), tendrá revancha, mal que les pese a los organismos de defensa de los derechos humanos, que lo tienen rotulado como un simpatizante de las políticas de mano dura.

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