Compromiso y energía, las claves de la pospandemia

Anuario 2020

En un año donde la economía se puede llegar a contraer como pocas veces en su historia, la demanda de energía permanecerá estable a nivel total y crecerá fuertemente en el segmento residencial.

La emergencia sanitaria nos enfrentó a una situación extraordinaria y nuestras prioridades en DESA fueron en primer lugar, resguardar la salud de nuestros empleados y en consecuencia garantizar la continuidad del servicio eléctrico, redefiniendo las prioridades en los planes de inversión y mantenimiento de las redes.

La irrupción instantánea nos exigió una toma de decisiones rápida para la articulación de medidas operativas, comerciales y de gestión, con foco en la redefinición de procesos, la administración de recursos, la fuerza laboral y la infraestructura tecnológica.

El avance tecnológico implementado y el proceso de transformación digital (que ya habíamos iniciado) fueron claves para la adaptación veloz que el contexto requirió y que incluso, propició la aceleración de proyectos de oficinas virtuales, la ampliación de funcionalidades enfocadas en la atención y contactos con nuestros usuarios, el mantenimiento de todos los sistemas de información operacionales con un altísimo nivel de disponibilidad y respuesta, complementados con múltiples mejoras en nuestra seguridad informática.

En cuanto al comportamiento de la demanda de energía eléctrica, mientras que la actividad económica llegó a sufrir caídas de, por ejemplo, el 26% anual en abril, la demanda estuvo prácticamente estable en todo lo que va del año. Si comparamos los meses de octubre 2019 y octubre 2020, la disminución estimada a nivel país es del orden del 3,6%.

Sin embargo, por detrás de esta estabilidad, se encontraba el gran desafío que enfrentó nuestro sector de distribución de energía eléctrica: atender un crecimiento de la demanda residencial sin precedentes producto del cumplimiento por parte de la población del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio.

El teletrabajo, que abarca casi al 30% de la fuerza laboral, el consumo online, que se multiplicó por tres y sucesos producto de la nueva normalidad, son todos servicios que dependen de la energía eléctrica.

Entendimos que con los usuarios recluidos y aislados, la tolerancia a las interrupciones del suministro era mínima y rápidamente retomamos la continuidad de nuestros planes de obra y mantenimiento.

Y no sólo allí. La emergencia sanitaria también había puesto de manifiesto la esencialidad del servicio con la atención en tiempo y forma de las necesidades y medidas dispuestas en las comunidades para la mejora de infraestructura eléctrica en hospitales, el relevamiento y asistencia de puestos sanitarios de emergencia, el acondicionamiento y traslado de equipos de generación, entre otros.

En un año donde la economía se puede llegar a contraer como pocas veces en su historia, la demanda de energía permanecerá estable a nivel total y crecerá fuertemente en el segmento residencial.

La pandemia evidenció que estamos en un mundo cada vez más electro-intensivo e híper conectado. Según investigaciones realizadas por la Agencia Internacional de Energía (AIE), se proyecta que hacia 2030 la electricidad será la fuente de energía más utilizada en las ciudades, consolidando esta posición hacia 2050 frente a otras fuentes de energía.

Las expectativas y patrones de consumo así lo demuestran. Si comparamos como era el consumo de nuestros hogares hace 10 años atrás y lo comparamos como lo hacemos en la actualidad, veremos cómo la electricidad es protagonista. Un ejemplo son los edificios que se construyen con equipos de calefacción, refrigeración y consumo con alimentación 100% de energía eléctrica.

Ante estos patrones de comportamiento de nuestros usuarios cada vez más demandantes, van surgiendo nuevas tecnologías aplicadas que complejizan los procesos de generación, transmisión y distribución de energía, con nuevos modelos de infraestructura para su abastecimiento. Como, por ejemplo, las fuentes de energía renovables en grandes bloques de generación o bien, en pequeños bloques, conocidos como generación distribuida en las redes, que están ganando una mayor participación en la matriz energética.

Sin dudas, uno de los grandes desafíos para la matriz energética del país en los próximos años, será la adaptación en gran escala de estas unidades de generación a las redes de baja tensión.

Sin embargo, para poder seguir invirtiendo con el ritmo que requiere la realidad, nuestro sector necesita de un entorno macroeconómico y regulatorio estable que pueda otorgar cierta previsibilidad para continuar con el proceso de toma de decisiones operativas y de expansión, que permitan acompañar los futuros desafíos hacia la configuración de un sistema más eficiente y escalable.

El congelamiento en el marco del covid-19 permitió que millones de familias y miles de empresas tuvieran un alivio en el marco de una pandemia, pero, los principales costos del sector continuaron en alza: los insumos importados y también los locales se movieron al ritmo del dólar y la inflación. Es importante resaltar que el sector continuó con la mejora de ingresos para sus empleados, responsables directos de mantener la calidad del servicio en este año crítico.

El resultado se ve reflejado en el deterioro de la situación económica, financiera y crediticia del sector, la cual deberá restituirse el año entrante, de la mano de la recuperación económica del país.

CEO y Presidente DESA.

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