La eficiencia de los autos híbridos enchufables (PHEV) volvió al centro del debate en Europa. Un análisis a gran escala del Fraunhofer Institute, que recopiló información transmitida por cerca de un millón de vehículos fabricados entre 2021 y 2023, concluyó que el consumo real promedio se ubica en torno a los 6 litros cada 100 kilómetros.
Los autos híbridos enchufables consumen hasta tres veces más de lo que prometen
Un reciente estudio basado en datos reales de casi un millón de PHEV detectó que el consumo promedio ronda los 6 l/100 km, muy por encima de los valores declarados en las homologaciones europeas.
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La cifra contrasta con los 1 a 2 l/100 km que suelen figurar en los ensayos de homologación bajo el ciclo europeo. La diferencia no es menor: en la práctica, el motor de combustión se activa con mucha más frecuencia de la prevista en laboratorio, incluso en situaciones donde teóricamente debería priorizarse el modo eléctrico.
Qué modelos híbridos enchufables consumieron más del promedio establecido
En modelos de gama alta de Porsche AG, el promedio se acercó a los 7 l/100 km. En cambio, marcas como Kia Worldwide, Toyota Motor Corporation, Ford Motor Company y Renault registraron valores considerablemente más bajos, aunque igualmente por encima de lo anunciado oficialmente.
Más allá de la polémica técnica, el estudio expone un punto estructural: el rendimiento ambiental del PHEV depende críticamente del uso. Si el conductor no recarga con frecuencia o realiza trayectos largos donde el sistema prioriza la combustión, el beneficio en CO2 se reduce drásticamente.
Esto tensiona los objetivos de emisiones promedio de flota en la Unión Europea y pone en cuestión un esquema regulatorio basado casi exclusivamente en ciclos de laboratorio.
Desde la óptica industrial, se abren tres debates centrales: incorporar datos reales en los cálculos normativos, revisar incentivos frente a los BEV (eléctricos puros) y evaluar el impacto reputacional para fabricantes que presentaron al híbrido enchufable como solución intermedia en la electrificación.
La conclusión es clara: la transición tecnológica ya no puede medirse solo en escenarios optimizados. La credibilidad dependerá cada vez más de métricas basadas en uso real.





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