20 de junio 2023 - 00:00

Mitos y verdades de automotrices

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  • El titular de SMATA, Ricardo Pignanelli, mostró su preocupación la semana pasada por dos automotrices que, según él, “no la pasan bien” y dejó flotando la idea de que podrían retirarse del país. El Gobierno protagonizó el anuncio de inversión de Toyota y lo relacionó a un nuevo régimen para el sector que facilita las importaciones de insumos. Hay una debilidad de relacionar las decisiones de estas multinacionales a la coyuntura local, sea mala por la crisis económica o buena por políticas de aliento que se implementan. La realidad muestra que no es tan así. No hay ejemplos, desde hace muchos años y con una economía menos globalizada, de terminales que hayan cerrado su fábrica por cuestiones del mercado interno ni que hubieran decido inversiones por una bonanza económica del país. Son decisiones que se toman a largo plazo y por diferentes motivos.

  • Algunos ejemplos recientes sirven para confirman esta idea. Honda no se fue de la Argentina por lo que sucedía en el país sino por una estrategia global. En todo caso, reconoció un error propio en la toma de decisiones como producir el mismo modelo en distintas plantas de la región. Esto no es exclusivo de la Argentina. Ford, por ejemplo, no levantó toda su producción de Brasil como consecuencia de algún problema con la economía brasileña. Fue una decisión global sobre su nueva estrategia de negocios y su perfil productivo. Perdió Brasil, que fabricaba autos; ganó Argentina, que produce la pickup Ranger. El Focus ya lo había dejado de fabricar. La única vez que una automotriz que tomó una decisión drástica por una cuestión económica puntual fue a comienzos de siglo, como consecuencia de la crisis del 2001 que desplomó al mercado, y se trató de la filial local de Fiat en Córdoba. Estuvo casi cinco años sin producir, pero no se fue del país, como sucedió una década atrás (tiempos de hiperinflación) con algunas marcas. Fiat mantuvo las instalaciones aunque no producía. Esto se debe a que, como dicen en el sector, el costo de cerrar una fábrica es muy alto y es preferible “aguantar”.

  • Las palabras de Pignanelli, obviamente, motivaron a que se hicieran especulaciones sobre cuáles eran las dos empresas señaladas. Habría que ver cuáles tiene inversiones recientes o en marcha y cuales cuentan con modelos que están en el final de vida, duplican producción, se le cae el mercado principal de exportaciones o el modelo que produce tiene ya en el mundo su renovación eléctrica que, difícilmente, se radique en Argentina. De tener alguna de esas dificultades a decidir abandonar el país hay un largo trecho. El entonces presidente de una terminal, que cumple con alguna de esas condiciones, dijo hace unos años una frase sugerente: “No voy a ser yo el que cierre la filial argentina”. No lo hizo y se fue. Pero en todos estos años, siempre hubo rumores de la salida de alguna terminal.

  • Tampoco funciona como hacen entender los funcionarios que, por sus medidas, llegan las inversiones. La inversión de Toyota no se concretó por un plan especial de importación recientemente anunciado. Que le sirva a la empresa y ayude, no implica que haya sido determinante. Como la automotriz explicó, desde 2014 venía analizando la fabricación en Zárate del utilitario Hiace. Ámbito venía informando la existencia de ese proyecto desde 2019. En los últimos doce meses se fue consignando cada paso que se daba hacia su concreción. No había programa especial y el equipo económico era otro, con otras ideas. Ni esta inversión se debió a lo que hizo el Gobierno, ni, por ejemplo, los millones invertidos por Volkswagen, desde el 2017, para producir el modelo Taos tuvo que ver con medidas que dispuso el entonces presidente Mauricio Macri. Tampoco fue esa la causa de otra inversión, ese año, por parte de General Motors para fabricar el SUV Tracker. Siempre es bueno recordar que Toyota anunció la inversión para producir la Hilux en el país (mucho más importante que los u$s50 millones destinados a ensamblar el Hiace), en plena crisis tras la salida de la convertibilidad, con la gente golpeando las puertas de los bancos en reclamo de sus ahorros.

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