El proteccionismo "bobo" y el caso Focus-Territory

Autos

Ámbito publicó ayer una nota en la que se comparaba el precio del nuevo Ford Territory y su valor en China, de donde proviene. Haciendo la salvedad de las diferencias técnicas que pueden tener los dos modelos en cada mercado, la conclusión del artículo era que ese vehículo costaba en una concesionaria local prácticamente el doble que en el gigante asiático. El caso, más allá de lo anecdótico de estos valores, muestra la escasa viabilidad productiva en materia -al menos- automotriz. La causa de esa diferencia está en la presión tributaria que sufre cualquier vehículo en el país. En este caso, al venir de un destino fuera del Mercosur, tiene un arancel de importación del 35%, más un 20% de Internos (por el cálculo técnico implica un impacto en el precio del 25%), un mínimo de Ingresos Brutos del 3,5%, tasa de estadística del 3% y otros cargos fiscal de municipios, provincias y Nación que redondean otro 5%. A esto hay que sumarle el 21% de IVA que corre para todos bienes y servicios. Toda esta mochila impositiva representa el 70% del valor final. ¿Para qué sirve todo eso?

Si bien sucede con los autos de todas las marcas, que el ejemplo sea precisamente de Ford, expone más la situación. La idea primordial de un régimen impositivo es la recaudación. También, hay una función secundaria que usan los gobiernos para proteger a determinadas industrias de los productos importados. En este caso, el arancel del 35% extrazona está pensado en ese sentido. Los impuestos internos nacieron como un encarecimiento de bienes supuestamente de “lujo” pero, en la práctica, funcionan como otro freno a lo importado. Hay que tener en cuenta que este SUV está lejos de ser un vehículo de “lujo”. En casi todos los países en los que se vende es accesible a gran parte de la sociedad. En la Argentina se requieren 195 salarios mínimos para comprarlo; en China, 65. Otra penalización a la importación es la tasa de estadística. Su magnitud se pierde en un contexto de desborde impositivo pero un 3% es realmente un nivel alto para un trámite de dudosa necesidad. El tema es saber si todo este andamiaje tributario sirve para proteger la industria local. La respuesta es no.

Que se tome precisamente este modelo de Ford lo explica con claridad. El Territory viene a ocupar, de algún modo, el espacio que dejó el cese de la producción de Focus, que se fabricaba en Pacheco. Son dos segmentos diferentes pero apunta a un público similar con el paraguas que impone hoy la tendencia del avance de los SUV sobre los sedanes y hatch. En una entrevista en el sitio especializado Autoblog, con la lógica correcta, se le pregunta por esa metamorfosis al gerente de producto de la marca, Diego Barruti y, aunque no lo confirma, tampoco lo niega. El tema es que el Focus se dejó de fabricar en el país -pese a que la terminal avanzó hasta donde pudo para conseguir la inversión de la nueva generación- por problemas de costos. Fabricar en una Argentina sin competitividad complica a la mayoría de los proyectos. Que no cerraran los números tiene que ver con un problema estructural del país. El proteccionismo podría tener sentido si, como contrapartida, no se castigara a la producción con tantos o más gravámenes. Sin embargo, la presión impositiva que sufren las industrias hace que cualquier bien que se fabrique localmente sea caro en relación a otros países. Esto se debe a que la aplicación de impuestos, en la Argentina, no responde a una estrategia fina y limitada al comercio exterior sino a una cuestión cultural. Es más grosero. Tampoco es un fenómeno nuevo, atraviesa a todos los gobiernos. Cualquier problema de caja del sector público se arregla con un impuesto que se suma a otros como una cadena de ineficiencia y sin medir consecuencias. En este caso, queda claro: encarecer un vehículo importado con una barrera arancelaria desmedida, hasta el punto de hacer que valga el doble que en su mercado de origen, no sirve de nada si la voracidad fiscal castiga, a su vez, a la producción local de igual manera. Es, en realidad, un proteccionismo “bobo”. Quedó demostrado. Por el “costo argentino” se dejó de producir un vehículo en el país y se lo sustituye por un modelo importado, también caro.

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