«Estamos operando con una rentabilidad ajustada, ya que el azúcar subió poco y los costos de producción aumentaron mucho...» Jorge Zorreguieta, presidente del Centro Azucarero Argentino, explica con claridad que estos vaivenes de los mercados han sido compensados por una buena productividad de la caña de azúcar. «De mantenerse este nivel, la industria va a seguir progresando, no tanto en expansión del cañaveral, sino en tecnología», indica.
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La industria azucarera es ciertamente próspera. Ello se vislumbra, por caso, en Tucumán. Y esa prosperidad no se basa tan sólo en el presente, sino también en el potencial de todo el engranaje agroindustrial que permite prever un futuro mejor. Es que el procesamiento de la caña permite hoy incursionar no sólo en el refinado de azúcar, sino también en la fabricación de papel y de energía. Allí estaría la cuestión. Allí apuntaría el futuro del negocio. Hoy, los principales ingenios azucareros venden la fibra de la caña, llamada bagazo, que es utilizada para la fabricación de papel, por algunos, o como fuente de energía por otros. Por ello ya es común que las inversiones de los ingenios se perfilen hacia la fábrica de papel o bien en el autoabastecimiento de energía con miras a lograr en el mediano plazo excedentes que permitan seguir diversificando el negocio.
Sin embargo, hoy por hoy, el negocio central de los ingenios sigue siendo el azúcar. La industria azucarera terminará produciendo este año 2 millones de toneladas de azúcar, exportará 570.000 toneladas y destinará al mercado interno las 1.430.000 toneladas restantes. Una buena performance que permite mostrar crecimientos de 54% en la zafra y 64% en las ventas externas.
El negocio del azúcar movería este año, entonces, alrededor de 500 millones de dólares entre mercado interno y exportación, un cálculo grosero que sirve de indicador de una actividad frenética. Con este marco, Zorreguieta confirma que la industria invierte alrededor de 120 millones de pesos anuales para mantener el nivel de excelencia. La mayor apuesta se centra en lograr mayor productividad, es decir, obtener más kilos de azúcar por cada tonelada de caña. Las nuevas variedades que se estudian en la Estación Experimental Obispo Colombres en Tucumán contribuyen a mejorar la performance del cultivo.
Pero no todas son rosas ( aunque gran parte de la industria se encuentra en el «Jardín de la República»). A los azucareros les importan hoy dos temas:
• La competencia de la comida light o reducida en calorías, que representa, ni más ni menos, que la apología a un menor consumo de azúcar. Cada argentino consume un promedio de 38 kilos de producto por año sumando lo consumido directamente y el azúcar contenido en los productos azucarados.
• Las distorsiones del mercado internacional que perjudican el ingreso del sector. De hecho, el azúcar se paga en la Argentina a u$s 0,45 y en Colombia se paga u$s 0,65; en Chile, u$s 0,58; en Australia, u$s 1,12; en España, u$s 1,15; y en Francia e Inglaterra, u$s 1,80.
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