9 de diciembre 2001 - 00:00

19:17 hs: RACING EMPATA Y DEBE ESPERAR PARA FESTEJAR (fútbol)

19:17 hs: RACING EMPATA Y DEBE ESPERAR PARA FESTEJAR (fútbol)
Igualó 0-0 con Banfield en la cancha de Huracán. El equipo de Reinaldo Merlo no pudo doblegar al equipo local y permitió que River se acerque en la tabla. El árbitro Oscar Sequeira le anuló dos goles por posición adelantada. El próximo partido de Racing será ante Lanús donde buscará lograr su primer campeonato luego de 35 años.

Un inesperado freno sufrió hoy el "paso a paso" de Racing Club hacia el título, al igualar sin goles contra un irreverente, transgresor y aguafiestas Banfield, en un
dramático partido de fútbol disputado en el estadio de Huracán por la decimoséptima fecha del Torneo Apertura.
   
De esta forma, Banfield tendió una lámina de emotividad sobre la definición del certamen, ya que contribuyó para que River acortara a tres puntos la distancia que lo separa de Racing, cuando restan dos fechas para el final.
   
El líder del campeonato jugó maniatado el primer tiempo ante un rival limitado pero superior, aunque en el complemento levantó su producción y estuvo cerca de consumar otro triunfo urdido por esa combinación energética de equipo y tribuna.
   
Por eso, los 30 mil hinchas que habían ido hasta Parque Patricios ilusionados con descargar un grito contenido por 35 años se fueron atragantados, pero con la esperanza de perforar el dique de frustración en las últimas dos fechas.
   
Es más, el equipo conducido por Reinaldo Merlo hubiera podido sostener los cinco puntos de diferencia sobre los millonarios, si Oscar Sequeira no hubiese anulado por posición adelantada dos goles de Maximiliano Estévez, bien concebidos.
   
El primer tiempo de Racing fue pobre. Sin la dinámica de Gustavo Barros Schelotto, suspendido, y con escasa incidencia de su reemplazante Leonardo Torres, el líder mostró su versión opaca y deslucida, aunque sin perder su condición de equipo luchador.
   
Pero Banfield no le escatimó a la batalla y salió a entorpecer el circuito ofensivo de Racing, sobre la base del orden y el sacrificio que ofrecieron todas sus líneas, y la claridad de Jorge Cervera y Walter Jiménez.
   
Entonces, dentro de un trámite sumamente mediocre, el equipo del sur del conurbano bonaerense fue el que ofreció los escasos momentos luminosos del partido con algunas combinaciones rápidas y precisas en la mitad de la cancha que fueron mal concluidas.
   
Por eso no sorprendió que un cabezazo de Sanguinetti pegara en el travesaño a los 3 minutos de juego o que Cervera y Leiva desviaran sendos remates desde buena posición, mientras que Racing no contrapuso llegadas de riesgo en 33 minutos.
   
Precisamente en ese momento, Bastía --el único que mantuvo su nivel habitual-- encaró unos metros y cortó un pase en profundidad para Estévez, quien se vio solo frente a Luchetti y definió mal. Fue la única de Racing en toda la primera parte.
   
A esa altura, los hinchas de La Academia vivían el partido con resignación, sabiendo que cuando queda una puntada para bordar el título no se le puede pedir al equipo que brille y lo único que esperaban era que fluyera el espíritu ganador del equipo.
   
Y esa corriente vertiginosa albiceleste apareció en el segundo tiempo. Merlo contribuyó con los ingresos de Maceratesi por Milito y Viveros por Loeschbor, que sobre los 20 minutos dejaron a los hombres de Banfield acordonados contra su área.
   
Con tres en el fondo y un semblante agresivo, Bastía se adueñó definitivamente del medio, levantó Chatruc, Maceratesi gravitó mucho más que Milito y apareció Leo Torres, con lo que el gol comenzó a merodear insistentemente sobre la nariz de Luchetti.
   
Así, a los 7 y 15 minutos Racing convirtió dos goles por intermedio de Estévez, pero en ambas ocasiones el árbitro Oscar Sequeira los anuló mal, porque consideraba que el atacante estaba adelantado, aunque en realidad estaba habilitado.
   
Banfield sintió el trajín del primer tiempo y no tenía más fibra para controlar el torrente de jugadores con camiseta celeste y blanca que trataban con bastante desprecio la pelota, pero iban para adelante impulsados por una conmovedora fuerza interior.
   
Pero entre los 30 y los 35, El Taladro finalmente logró perforar el frente ofensivo de Racing y en una respuesta, Cervera le ganó a Maciel y quedó mano a mano con Campagnuolo, quien opuso una atajada de antología al remate del volante.
   
Eran tiempos de zozobra y sufrimiento. Maciel desvió un cabezazo y en el otro arco un remate de Jiménez pasó cerca del palo izquierdo de Campagnuolo, mientras el dramatismo trepaba como una hiedra sobre las tribunas.
   
Los minutos finales se consumieron sin que Racing pudiera conectar algún bombazo salvador, a diferencia de lo que hizo en otros partidos, y entonces Banfield festejó el empate como una postergada revancha del campeonato que La Academia le arrebató en
1951 y cantó canciones réquiem sobre la ilusión albiceleste.

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