22 de septiembre 2003 - 00:00

¿A qué apuntan los jugadores, ahora?

Nadie está de acuerdo con la suspensión del fútbol. Un fin de semana sin una pelota rodando hasta parece distinto.Lo saben funcionarios, dirigentes, jugadores y público en general. Casi de forma generalizada, se piensa que no se gana nada parando la actividad deportiva y que la solución debe pasar por otros carriles -más normales, más coherentes, posibles-, aunque lleve cierto tiempo alcanzarla.

Puede ser también que sea discutible la medida de quita de puntos y que esa determinación tenga divididas las aguas en materia de opiniones.

Sin embargo, para cantar «bingo» sólo faltaba esa vedada amenaza de Futbolistas Argentinos Agremiados, con Sergio Marchi a la cabeza, de «parar el fútbol», cuando parecía que las medidas dispuestas (después de todo alguna hay que tomar) iban a posibilitar esta semana que el torneo entre en su cauce normal. Ahora, según declaraciones de algunos jugadores, «se ven perjudicados en su esfuerzo y no tienen por qué pagar las culpas de incidentes que producen otros». Habría que decirle a esta gente que es cierto, pero que también sepan que hay compañeros (jugadores y dirigentes) que ayudan a muchos de esos inadaptados que hoy quiere desterrar la Justicia, dándoles dinero para que no los molesten. Dicho por boca de muchos de esos mismos jugadores. Si en este tema todos (sin excepción) no ponen un poco el hombro y no dejan de poner palos a la rueda, será muy difícil salir. Por ahora más que los jugadores, los más perjudicados parecen ser los clubes y la gente que mayoritariamente concurre a los estadios.

Los jugadores en ese período no percibirán premios, pero cobrarán contractualmente lo que se haya establecido. Además... ¿qué pasará con los clubes que en estos momentos están jugando la Copa Sudamericana (el miércoles, por ejemplo, Colón y Boca)? Seguramente, les darán permiso especial, como lo hicieron en la huelga anterior. Habrá que recordar que en aquella oportunidad la gente del fútbol hizo un gran esfuerzo para que cobraran, cuando en el país, los empleados y obreros debían hacer malabares para hacerse de un peso.

En realidad, aunque muchas veces no se compartan las posiciones de Julio Grondona, esta vez habrá que convenir en sus dichos: ¡Déjense de jadear, muchachos!

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