21 de agosto 2003 - 00:00

Argentina levantó con una inyección juvenil

Cuando Bielsa se decidió a hacerle un «lifting» al equipo, se dio cuenta de que las posibilidades de la Selección podían crecer de manera notable. Una duda futbolística que venía de arrastre desde los amistosos realizados y se extendió hasta el final de la primera parte ante Uruguay, que fue -a decir verdad-de orfandad llamativa.

Habrá que decir que más que el 3-2 final en favor de Argentina, valía observar el rendimiento en la actualidad de los « jugadores históricos» y lo que podían aportar los de la «nueva generación». Fue -en síntesis-lo que permitió pasar de una lógica preocupación a una fundada esperanza.

Ayala lento, Samuel impreciso, Almeyda sin un lugar preciso para provocar el corte en el medio, Verón sin encontrar esa función de nexo entre medio campo y ofensiva, hizo que todo el juego recayera en Aimar y que alguna vez la pelota pasara por Zanetti, a la luz de que el aporte de Claudio López y Crespo era por demás escaso.

Uruguay sorprendió en los diez minutos iniciales, cuando imprimió velocidad desde el medio hacia adelante, les dio profundidad ofensiva a los envíos y puso la pelota a ras del piso. Bastó para que apenas en dos minutos de juego Forlán anticipara a Ayala y marcara la primera diferencia. Cuando Bielsa se dio cuenta de que era imprescindible efectuar cambios, hizo lo que todos esperaban: ingresaron «Kili»
González, Saviola y D'Alessandro. Lo que hacía falta para que, con Zanetti y Aimar (el mejor de la cancha), formaran un circuito de fútbol, que ni a través de la reiterada infracción esta vez podían superar.

El gol de Ligüera para Uruguay obligó a Argentina a seguir trabajando. Al tiro libre de Verón en la primera igualdad, llegó la segunda con una impecable jugada y no menos precisión en el cabezazo de Samuel, y poco después otra gran jugada que culminó con remate de D'Alessandro, que puso cifras definitivas. Resultado que sólo sirve para las estadísticas.

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