El Argentina Open fue uno de los últimos torneos de tenis que logró disputarse con absoluta normalidad antes de que la pandemia de coronavirus arrase con todo durante 2020. Hace poco más de un año, los jugadores apenas tocaban el tema y los campeonatos no dudaban sobre seguir adelante o no. En 2021, pese a que el circuito se reanudó, nada es igual a lo que alguna vez fue.
Argentina Open: una edición infrecuente en medio de la nueva normalidad del tenis
El ATP de Buenos Aires sigue su curso pese al coronavirus y a los exigentes protocolos. Un tradicional torneo que se adaptó a la pandemia para seguir adelante.
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Sin público, con protocolos exigentes y un espacio reducido. El Argentina Open está limitado, pero en funcionamiento.
Buenos Aires está lejos de los grandes focos mundiales de Covid-19, pero el intrínseco carácter global del deporte de las raquetas pone a la Ciudad en el centro de atención. La pelota volvió a picar en agosto y desde entonces todo es una constante prueba de acuerdo al momento sanitario.
El ATP porteño no le escapa a la reconfiguración de los torneos de tenis. No hay público masivo, los Bosques de Palermo no están cerrados por completo y el Buenos Aires Lawn Tennis Club luce mucho más acotado que en las 20 ediciones previas.
“Hasta fin de año trabajamos sobre tres escenarios: público completo, público reducido y sin público. Decidimos hacerlo sin público. La cuarta opción era no hacerlo, que era un camino fácil, porque estábamos justificados, pero decidimos que era un error gravísimo para la gente, los jugadores y las marcas”, explicó Martín Hughes, socio de Tennium, empresa dueña del certamen, a Ámbito.
El empresario uruguayo reconoció que el modelo 2021 del Argentina Open no tiene exhibe un desarrollo normal: “Pensamos hacerlo cueste lo que cueste, y nos está costando mucho, pero estamos convencidos y felices que tomamos la decisión correcta. Si decidíamos no hacerlo era para que no nos cueste, cero inversiones, cero pérdidas”.
Por efecto del coronavirus, no hay venta de entradas al público en general. Sólo se permitió el ingreso de 300 personas que adquirieron, previamente, paquetes corporativos. El ingreso es sin ticket y se presenta un código QR. A toda persona que acceda al tradicional club de Palermo se le toma la fiebre y se le rocía solución de alcohol y agua en las manos (hay diferentes puestos sanitizantes en todo el predio).
Resulta extraño advertir algunas ausencias. Este año, ante la falta de espectadores, no hay patio de comidas ni área comercial donde los sponsors arman sus stands. Por el contrario, hay algunos carteles con códigos electrónicos para acceder a las tiendas virtuales de las marcas.
¿Qué ocurrió con el VIP? Si bien hay un sector exclusivo, en 2021 se relocalizó entre las canchas auxiliares y el estadio principal, a diferencia de las ediciones previas, que se encontraba detrás del Court Central Guillermo Vilas. Esta vez es reducido, con mesas bien separadas y al aire libre.
Los controles y protocolos no exceden a los competidores, a allegados y a la organización. Nadie, a excepción de algunos miembros del staff del ATP de Buenos Aires, puede tener contacto con los tenistas. Tantos los deportistas como sus equipos de trabajo -juntos a los pocos que se vinculan con ellos- deben hisoparse cada cuatro días.
El área de jugadores está mucho más blindada que en temporadas previas. El comedor del torneo tiene, además, sitios separados para aquellos que se testean obligatoriamente y los que no. Los cuidados extremos exceden a los espacios cerrados: se delineó un flujo diferenciado de persona de acuerdo a si se realizan o no los controles.
“En toda la parte de protocolos, la ley es la que prima. Hay que cumplir lo que exige el gobierno. Y por encima de eso, tenemos exigencias de ATP que tiene jugadores internacionales, torneos todas las semanas y debe protegerse de determinada manera”, detalló Hughes, quien además puntualizó que, si bien este año hubo menos inversión general, se hizo mucho hincapié en la seguridad sanitaria.
Desde la organización del campeonato afirman que los jugadores son los primeros en manifestarse positivamente respecto a la realización del Argentina Open, a pesar de las exigencias e imposiciones sanitarias. Al respecto, Thiago Tirante expuso que ya están “bastante acostumbrados con todos estos meses de Covid. Ya no me molesta nada, antes quizás el barbijo me molestaba. Estoy acostumbrado a los protocolos porque todos los torneos lo cumplen a rajatabla”.
Durante los partidos también hay modificaciones, en sintonía con lo que se puede observar cada semana del circuito. Si bien en esta plaza hay jueces de línea y ball boys, la cancha sólo acoge a las personas necesarias. Por citar un ejemplo, no hay promotoras al lado de cada banco de los jugadores, los cuales son desinfectados recurrentemente.
La edición 2021 del Argentina Open es muy diferente a lo acontecido hace poco más de 12 meses. “Este es un año raro”, se escucha en cada rincón del BALTC. La situación sanitaria respecto al coronavirus ya no es idéntica a agosto o septiembre, cuando el país oscilaba la frontera de los 20.000 casos diarios, pero la necesidad de extremar cuidado persiste.
Dentro de ocho meses, el Buenos Aires volverá a vestirse de gala para recibir el Argentina Open femenino, el primer torneo WTA que se disputará en el país luego de 34 años. Cuando el 31 de octubre regrese el tenis de mujeres a la ciudad, quizás la imagen más frecuente ya no sea la de decenas de personas con barbijo.
Burbuja, alcohol, protocolos… todos términos tan comunes en la realidad cotidiana como en el deporte. Aunque el tenis fue una de las primeras actividades en retornar, no caben dudas que tuvo que crear su nueva normalidad. Es una edición infrecuente, extraña, pero valiosa: mientras muchos torneos quedaron obligados a bajarse del calendario, en Buenos Aires las raquetas resuenan sin pausas.
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