Fue un partido fácil, tremendamente sencillo. Claro, eso se constató después y no antes de jugarlo. Un tres a cero terminante en la primera etapa que marcaba diferencias. Más allá de esos dos minutos iniciales que eran como para persignarse. Léase por la vía de Vivas y una caída de Placente que no terminaron en gol de Venezuela por milagro. Sin embargo, como dice la muletilla de Grondona... «todo pasa».
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En verdad, no se sabe si fue por temor o una contestación a tanta crítica acumulada contra Bielsa, pero el técnico resolvió hacer «la gran Bianchi». En otras palabras, cerrar la cortina en la segunda parte, hacer cambios de esos que a los argentinos les hacen tragar saliva y que no son del paladar de los que habitan por estas tierras.
El otro punto de mira era Verón. El receptor de los silbidos del partido del híbrido empate con los trasandinos. El ahora jugador del Chelsea se convirtió en distribuidor de cuanta pelota saliera desde la defensa y un poco más adelantado (si se lo compara con la posición del partido anterior) fue el motor donde se asentó el andamiaje de los argentinos.
Si las diferencias en el marcador no fueron más amplias fue porque en materia de ataque hubo varios ausentes. Aunque ante todo habrá que señalar que la grandeza de Aimar crece a dimensiones fuera de lo común y la desfachatez del «Chelito» Delgado clama en apenas dos partidos por una titularidad.
Sin embargo, en el lado opuesto se mostraron esta vez D'Alessandro, con más errores que aciertos, un desdibujado «Kily» González y un Crespo que, seguramente por falta de estado físico, está más para partir que para quedarse. Tampoco Zanetti (tal vez complicado por las vacilaciones de Vivas) estuvo a la altura de otras actuaciones y por debajo de su regularidad.
Si a Bielsa estos partidos le sirven para sacar algunas conclusiones, debe haber observado que detrás de Aimar, D'Alessandro y González queda una franja que jugadores de otros equipos (con más jerarquía) pueden explotar y traer algún dolor de cabeza. Esta vez, lo más significativo es lo que presenta esa defensa de tres hombres, donde Vivas y Placente no llevan el estandarte de otros tiempos, y Ayala no tiene la rapidez para cerrar como en otras épocas.
Si este partido con Venezuela sirve de algo -más allá de los tres puntos que Argentina necesitaba como el pan de cada día-, es que el equipo que presenta Bielsa tiene altibajos. Tanto cuando se llega desde la defensa en ataque (si no es a manera de contraataque) como cuando viene la réplica. En los dos casos, parece que el equipo está descompensado. Obviamente, para partidos de estas características alcanza. Como seguramente servirá para jugar el próximo partido con Bolivia en River.
Lo que aún no se vislumbra es qué pasará luego, cuando Argentina enfrente a Colombia en «el infierno» de Barranquilla.
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