No estaban Verón, Batistuta, Crespo, Vivas, Caniggia, Simeone, Ayala, Ortega, Burgos... En fin, se podía decir que era un equipo «muleto». También hay que señalar que a Alemania le pasaba -más o menos-lo mismo. En verdad, con varios jugadores que habitualmente son titulares (de ambos lados), el partido daba para observar otras cosas: funcionamiento individual de los que están todavía para ganarse un lugar, la adaptación a la dinámica de conjunto que pretende Bielsa, buscar el acople de algunos «nuevos» con los «viejos» y tratar de que todos hablen el mismo idioma futbolístico para llegar a ser un equipo sólido en todas sus líneas.
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Bielsa debe haberse ido mucho más feliz que Voeller. No sólo porque el triunfo le sirve, como final de una gran etapa previa, sino también porque su trabajo está a la vista, aunque no se entiendan bien las razones por las cuales no le dio una mayor oportunidad a Saviola, por ejemplo. Como conclusión final, también se debe comenzar por decir que Argentina fue mucho más que Alemania (salvo en los quince minutos iniciales).
La diferencia -en verdad-la fueron marcando los «históricos» en su mayoría. En la mayor jerarquía de Samuel sosteniendo el andamiaje defensivo, el despliegue infatigable de Sorín (el mejor del partido), la seguridad de Almeyda en la marca y, una vez que encontró un lugar cómodo en la cancha, la velocidad de Zanetti para recorrer el lateral derecho con un potencia que, por momentos, impresionó a propios y extraños.
Si hubo un momento clave, que hasta marcó el punto de inflexión entre ese regalar pelota y terre-no que hacía Argentina, hasta convertirse en el principal protagonista, habrá que buscarlo en la actitud individual y en el aporte de Aimar (que Jeremies se encargó de sacarlo no sólo del partido, sino que, además, pudo hacerlo hasta del Mundial). Aimar hizo que Argentina tomara las banderas de un equipo que comenzó a bajar la pelota, obligó a rotar a sus compañeros e impuso las sutilezas que sólo pueden mostrar los sudamericanos. El partido cambió de manos.
Entró en su lugar Gallardo y, en los minutos que estuvo en el campo (salió por un desgarro en el muslo de la pierna izquierda), también fue pieza fundamental de enlace. También debió dejar su lugar, pero, para mal de los alemanes, ingresó Solari y demostró que a Riquelme se le va a hacer muy difícil lograr un lugar en el equipo definitivo.
El funcionamiento de Argentina mostró que --por ejemplo-Facundo Quiroga puede ser reemplazante de Vivas, a pesar de algunas vacilaciones en la sincronización con Pochettino (que también sacó una nota alta) y de jugadores que acompañaron, como Gustavo López y «Kily» González, que recién levantó al final. Un trabajo más que acep-table de Cavallero en el arco y las indecisiones de Claudio López, peleado con la pelota, indeciso y perdiendo dos oportunidades de ésas que no se presentan a menudo.
Argentina demostró, otra vez, que es un equipo «diferente», que tiene jugadores de gran nivel en el hipotético equipo titular que no se reciente cuando entran los menos fogueados. Más, tiene un equipo de gran estructura y solidez que puede plantarse ante los equipos más encumbrados de Europa y jugando como visitante. Pueden dar testimonio de ello Italia, España, Inglaterra, Holanda y, ahora, Alemania. Es decir, vamos por buen camino. Alemania: Lehmann; Metzelder, Nowotny, Linke; Frings, Ramelow, Jeremies, Boehme; Ballack; Bierhoff y Klose. DT: R. Voeller. Argentina: Cavallero; Quiroga, Pochettino, Samuel; Zanetti, Almeyda, Sorín; Aimar; G. López, C. López y C. González. DT: M. Bielsa. Gol: ST 2m Sorín (Arg.).
Cambios: PT 30m Gallardo por Aimar (Arg.); ST Baumann por Boehme (Ale.) y Ricken por Linke (Ale.), 16m Solari por Gallardo (Arg.), 25m Jancker por Bierhoff (Ale.), 31m Saviola por G. López (Ale) y Kehl por Jeremies (Ale.), 37m Max por Frings (Ale.), 41m Placente por C. González (Arg.).
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