29 de julio 2002 - 00:00

Boca se quedó en sus intenciones

Delgado y Huerta miran la pelota en uno de los tantos avances de Boca. Chicago si bien hizo un planteo especulativo, en el final del partido pudo haberse quedado con la victoria.
Delgado y Huerta miran la pelota en uno de los tantos avances de Boca. Chicago si bien hizo un planteo especulativo, en el final del partido pudo haberse quedado con la victoria.
Este nuevo formato que presentó Tabárez en Boca tiene algunas aristas interesantes. Nadie duda de que no es necesario mantener más de tres hombres en la última línea cuando se enfrenta a un adversario -como Nueva chicago-que, era previsible, iba a plantear un partido de contraataque. Simplemente porque César González, la seguridad de Burdisso y la presencia de Crosa eran suficientes.

También es cierto que el técnico aún no dio con el funcionamiento que se supone debe hacerse sentir a partir de un medio campo superpoblado para ser el protagonista determinante de lo que sucede en el partido, en materia de resultados.

Sin embargo, Boca fue protagonista porque a las posibilidades que brinda la presencia de Clemente Rodríguez, alguna pelota que trasladaba Omar Pérez tratando de distribuirla en la vieja posición de Riquelme y algún chispazo de Delgado, a Boca le quedaba un jugador diferente, distinto en sus posibilidades de manejo, con alguna substancial diferencia a la hora de resolver por capacidad individual: Tévez.

Si hasta esta altura no se habló de Chicago fue porque simplemente se quedó midiendo los tiempos y las circunstancias que posibilitaba un juego enredado en el medio y de pocos espacios para fabricar huecos en la llegada. En este caso, habrá que comenzar desde atrás hacia adelante, señalando que había creado una fortaleza circundando a Velázquez en el arco, junto a Testa, Huerta, Borda y Barbona bien apretados, con Fioretto (por derecha) y Zárate (por la punta opuesta), que se acuñaban para permitir que Jonathan Santana y alguna vez Serrano trataran de encontrar algún camino que los acercara a Jesús y Tilger.

Chicago comenzó a presionar a Boca en la medida en que Tabárez provocó dos cambios: el ingreso de Ezequiel González y Bracamonte. Tal vez para quitarle presión de conjunto y jugar con más espacios, por lo menos el que le pudiera presentar mejores perspectivas de llegada. A esta altura, Chicago les había tomado el pulso a las salidas y el ataque de Boca se estrelló reiteradamente en la solidez de Testa, otras en los cruces de Borda.

El ingreso de Castellanos y Ceballos le dio más profundidad al contraataque que había ideado Ferraro. Tanto que sobre el final Chicago estuvo a un paso de la gloria, cuando Jesús quedó frente al arquero y elevó la pelota en un remate que daba toda la sensación de que llevaba destino de red. En la réplica, Bracamonte envió por encima del travesaño. El resultado ya era inamovible para ambos equipos y -sumados aciertos y virtudes-no pasó de una justa igualdad en cero que invita al replanteo.

N. Chicago:
Velázquez; Testa, Huerta, Borda, Barbona; Fioretto, Jonathan Santana, Serrano, D. Zárate; Jesús y Tilger. DT: Ferraro.

Boca:
Abbondanzieri; Burdisso, César González, D. Crosa; C. Giménez, Battaglia, Cascini, Clemente Rodríguez; O. Pérez; Tévez y Delgado. DT: Tabárez.

Cambios: ST 14m E. González por Pérez (B), 14m Bracamonte por C. Giménez (B), 34m Castellanos por Serrano (N.Ch), 34m Ceballos por Tilger (N.Ch), 39m Carranza por Huerta (N.Ch). Estadio: Vélez (Chicago fue local). Arbitro: Pezzotta.

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