El empate no dejó conforme a ninguno de los dos. A River, porque lo tuvo para ganarlo después de un primer tiempo de altísimo nivel, pero debió retrasarse por la expulsión de Demichelis y dilapidó casi todo lo que había construido. A Boca, porque en el segundo tiempo tuvo la hegemonía del juego y el dominio de la pelota, y aunque lo tuvo cerca tampoco pudo ganarlo.
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El partido fue vibrante y típico de un clásico. River demostró en la primera parte una mayor velocidad y precisión para manejar la pelota y a partir de allí ejerció un dominio -por momentos-absoluto de la zona. La lentitud de Cagna y Villarreal era notable, y Cascini estaba muy preocupado en perseguir a D'Alessandro, por lo que se desentendía de la pelota. En esas condiciones el gol de D'Alessandro parecía abrir un panorama auspicioso para River. Coudet era imparable por la derecha, y la dupla Cavenaghi-Fuertes complicaba a una defensa que tenía muchos problemas.
Sin embargo, dos faltas innecesarias de Demichelis a Barros Schelotto en la mitad de la cancha determinaron su expulsión, y allí empezó otro partido.
Boca se adelantó y River retrasó sus líneas para jugar de contraataque. No le fue mal. En el primer intento, bien elaborado, Abbondanzieri le hizo penal a Coudet y Cavenaghi convirtió el segundo gol. Tal vez, Manuel Pellegrini se apresuró. Realizó un cambio que condicionó el resto del partido: entró Zapata y salió Cavenaghi. River se quedó con un solo delantero y Zapata pasó a jugar de lateral izquierdo. Era evidente que River se decidió a «aguantar» el partido en lugar de jugarlo y le cedió el terreno y la pelota a Boca buscando como única opción el contraataque sólo con el aporte de Fuertes, luchando infructuosamente contra toda la defensa. En contrapartida, Bianchi hizo entrar a Ezequiel González y Estévez para tener más dominio de la pelota y algo más de desborde. Sin embargo, si bien los ingresados jugaron bien, hubo un jugador fundamental -que contagió a todo Boca-que produjo un cambio anímico: Guillermo Barros Schelotto. El delantero marcó los dos goles y con su garra hizo levantar el nivel a todos sus compañeros. Jerez y Clemente Rodríguez se olvidaron de defender y se dedicaron a desbordar por los costados. Villarreal y Cascini se pararon como doble cinco y desde allí interceptaron todas las pelotas que pasaban por la mitad de la cancha. Sólo Delgado pareció estar en otra sintonía, muy flojo y lejos de su nivel habitual. Boca empató con más fuerza anímica que futbolística y hasta pudo ganar ante un River que empezó defendiéndose como táctica para encontrar espacios para el contraataque y terminó haciéndolo con desesperación.
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