Bolt se ganó a sí mismo para estirar su legado
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Usain Bolt tuvo otro mundial memorable y se coronó en 100 y 200 metros.
Por fin, suena el disparo y esta vez Bolt no falla. Y va más allá: el jamaiquino siempre suele partir lento, producto de su 1.96 metro que le complica erguirse, pero esta vez sale eyectado, sabiendo que debe hacer todo bien. En los primeros 30 metros queda como líder y ya no va a largar esa posición.
Como parámetro normal, el más rápido de la historia suele acomodar su carrera y cuerpo en la mitad inicial para luego explotar en los 50 metros finales, donde aplasta. Ahora no, con una partida exquisita, se concentra en dominar la prueba todo el tiempo. Saca diferencia, se esfuerza al máximo y cruza la meta. Es campeón mundial. Recupera la corona que le pertenece y extingue los fantasmas.
Menos de una semana después se impone en 200 metros. No bate el récord mundial, pero saca a pasear a sus rivales en una final de altísimo nivel. Gana en los primeros cien y disfruta la otra mitad. Como detalle basta mencionar que en las eliminatorias y semifinales, el "Rayo" terminó los últimos metros riéndose junto a sus colegas.
Esta vez, Bolt no se enfocó en los récords. Las marcas van y vienen en la historia, pero lo que quedan son las gestas. La lluvia quizás atenuó la posibilidad de un nuevo registro máximo, pero la necesidad de enfocarse en la victoria terminó por decidir la cuestión. Los 9.77 segundos de los 100 metros son, para cualquier humano, imposibles, por eso terminan siendo suficientes para recordar otro triunfo memorable.
Sin grandes competidores como su compatriota Yohan Blake (lesión), o el jamaiquino Asafa Powell y el estadounidense Tyson Gay, ambos afuera por doping, la súperestrella suelle correr más lento la carrera, pero no siempre hay contra quién correr, y eso pesa en todas las circunstancias. Así ocurrió en los 200, y tampoco hubo plusmarca. Ahora valen los títulos.
El número 1 de la historia supo cómo hacerlo otra vez, reinventándose a sí mismo, derrotando a su mayor rival: Bolt. Ni las constantes lesiones crónicas, ni su error más grave pudieron con él. De a poco, se empieza a ver la curva descendente en su trayectoria, porque, como una carrera de 100 metros, es explosiva y corta. Por ahora, sigue siendo la leyenda viviente de la velocidad, ganándoles a todos. Especialmente a su propio mito.




