Si un juez (en lo jurídico) tan discutible siempre por sus actuaciones como Mariano Bergés se suma a un ex «juez» (en lo deportivo) como el antes referí y ahora funcionario público de Seguridad, Javier Castrilli, fácilmente puede augurarse un desastre en decisiones. Lo fue. Millones de argentinos privados un fin de semana de verfútbol, la diversión más popular y de menor costo en un país angustiado y en crisis. Tampoco podrían verlo este fin de semana como una sanción a toda la sociedad por unos pocos violentos.
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Castrilli incita. Bergés aplica. Ambos se caracterizaron siempre por dos aspectos: gusto por salir en los diarios como «severos» y sus evidentes exageraciones.
Bergés fue el juez que en épocas del «corralito» prohibió a 20 banqueros salir del país, pese a que esa medida había sido dispuesta por el gobierno. Avanzó más, le impuso a un banquero que necesitaba viajar por negocios por 4 días a Estados Unidos (Peter Baumann, presidente del Citibank) la insólita pena de 10 millones de dólares de fianza. Fue un «argentinismo». Mundialmente estos niveles de fianza no existen. Si en Estados Unidos a alguien pudiera corresponderle 10 millones de dólares de fianza, el delito sería tan grave (asesinato serial, por caso) que no lo alcanzaría esa posibilidad. Obsérvese que en Gran Bretaña, hace 72 horas, dispusieron sólo 1,16 millón de dólares de fianza para dejar libre a Hadi Soleimanpour, ex embajador de Irán en laArgentina acusado de haber planeado el atentado a la AMIA, que dejó 85 muertos y más de 300 heridos. Ni comparación un caso y otro.
•Comprensible
¿Alguien lo entiende? Después se queja Bergés y hace juicio a quienes lo critican.
Es comprensible, entonces, que este juez, fogoneado por Castrilli, haya suspendido 15 días el fútbol como derivación de prohibirle a la Policía Federal custodiar estadios mientras se aclara su situación. ¿Qué puede resolver Bergés? ¿Que en el futuro controle la Gendarmería o la Prefectura? Un absurdo.
Tan absurdo como las teorías que trascienden. Que Luis Barrionuevo, sindicalista no querido por el presidente Kirchner, podría haber «armado» el desborde de la barra brava de Chacarita el 31 de agosto para «desestabilizar a Mauricio Macri en su disputa electoral contra Aníbal Ibarra».Aunque este último dijo que Macri «debe aprender a controlar su propia casa (por el estadio de Boca»), ¿a quién, salvo un ignorante del fútbol, se le va a ocurrir que uno más de decenas de enfrentamientos en tribunas (y éste fue uno de los más simples, sin heridos siquiera) vaya a terminar acusando al presidente del club anfitrión?Además, políticamente sería lo contrario: a Barrionuevo, enfrentado a Kirchner, jamás le hubiera convenido afectar a Macri. Salvo que se esté elucubrando tan fino, ya en la estratosfera, y haya sido para que lo acusen a Ibarra de la maniobra y beneficiar a Macri.
Otro absurdo, pero todo es posible. Obsérvese que hasta se llegó a decir que Bergés sospecharía que la Policía facilitó el incidente -repetimos, menorcomo «zona liberada» para que los clubes no se tienten a recurrir a «vigilancia privada» y suspendan un extra que cobra la Policía por vigilar los estadios. Otro delirio. ¿También los clubes van a tener «bomberos privados»? Hay riesgo de que estos absurdos deriven en mal del fútbol y tuerzan el brazo del presidente de la AFA, que siempre se opuso a que «los puntos se ganen en los despachos, discutiendo, y no en las canchas». Está bien clausurar estadios como penalidad por desmanes. Mejor aun usar los videos obligatorios para identificar a los perversos del fútbol y aplicarles las penas que merecen. Erradicar la violencia en el fútbol requiere persuasión, no tremendismo. Las filmaciones, las cámaras, son un moderno instrumental muy valioso para identificar violentos. La prensa ayuda en difusión a ese buen accionar para disuadir a otros violentos. Está bien. ¡Pero no alentemos también a los violentos desde el mando como Castrilli y Bergés! Exagerando arruinan lo otro bueno que hicieron. Además, por favor, no caer en que se infiltran tribunas o se provocan incidentes para luego, en la discusión, ganar partidos.
Las tribunas saben bien lo ocurrido en ese partido y los clubes también. La hinchada de Chacarita, que es numerosa y se considera más todavía, se sintió «disminuida» porque Boca la trató como «club chico» y le dio sólo la tercera tribuna detrás de un arco cuando le cede a clubes grandes dos bandejas. Por eso estaban enardecidos, además de la puja tradicional que existe entre ambas barras bravas. La Policía actuó bien. Siempre ponen 4 agentes comunes en la separación de partidarios en ese sector. También es comprensible que tardara en subir la Policía de Infantería al tercer piso cuando la gente de Chacarita, asustada por los incidentes, copaba las escaleras para irse (y porque su club perdía 2 a 0 y no tenían ningún interés en que continuara viendo el partido).
Pero repitamos que fue un incidente menor, lamentablemente común en nuestras canchas.Ahora, si cae en manos de dos amantes de la difusión pública de sus personas y que buscan siempre sobreactuar... Consecuencia obvia: argentinos privados de su mayor pasión del fin de semana.
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