La presentación de la oferta de gerenciamiento de Racing -efectuada por la empresa Blanquiceleste SA-surge como el único camino para darle una opción rescatable, dada la situación económico-financiera-institucional por la que atraviesa el club de Avellaneda, hoy al límite del colapso. Mucho más cuando se «borró» el resto de interesados y cuando el juez Gorostegui tiene que tomar una decisión definitiva.
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No sólo esta alternativa cuenta con la aprobación mayoritaria sino que los oferentes señalaron que estiman que si no hay resolución a fines de mes levantarán esta única oferta. En tanto, las pocas voces críticas que se han dejado oír parecen revelar un desconocimiento de la propuesta y de la prácticas empresarias. Por ejemplo, se ha dicho que el «gerenciador» no obligaría a levantar la quiebra. Una falacia si se tiene en cuenta que se establece expresamente que «se obliga a cancelar la totalidad del pasivo de Racing, incluidas las deudas contraídas con motivo -precisamente-de la quiebra. Situación que los abogados de Blanquiceleste SA hicieron conocer ayer mismo a Gorostegui ofreciendo un refuerzo de avales por el total exigido.
Se sabe que el pasivo de Racing -que oscila en los 60 millones de pesos-se establece debe estar garantizado por avales bancarios, con la obligatoriedad de renovarlos año tras año. Por tanto, si Blanquiceleste SA no entrega los avales o no paga la totalidad de las deudas, el contrato puede quedar sin efecto de forma automática. Situación que a todas luces beneficiaría a Racing por una disminución de pasivos que hayan sido cancelados hasta ese momento.
Si se han producido entredichos, sobre este tema, fue simplemente porque algunos no entienden bien los alcances de esta nueva alternativa judicial. El «gerenciador» no se convierte en propietario de los bienes de Racing sino que recibe solamente las instalaciones afectadas al fútbol y luego de un plazo perentorio, los debe devolver al club, con todas las mejoras incorporadas por el gerenciador, al finalizar el contrato.
Esto quiere decir -en otras palabras-que la entidad conservará su estructura social (a excepción de la actividad futbolística) y mantendrá el control de la totalidad de sus actividades sociales. Por tanto, los que sostienen que con el régimen instituido por la Ley de Fideicomiso (N° 25.284), los problemas de Racing quedarían resueltos, parecen no conocer las bondades del gerenciamiento. Un fideicomiso es una figura a la que la totalidad de los clubes escapa, porque detrás de sus leyes se enreda una serie de contingencias y alternativas que sí hacen que las entidades pasen de una mano a otra y el socio queda como mero espectador.
La realidad indica que en forma rápida Racing debe salir de la crisis, poner fin a su estado de quiebra, sanear su economía, obtener los recursos que le permitan formar un equipo profesional de fútbol competitivo, realizar un trabajo profundo en las divisiones inferiores, preservar las nuevas figuras que vayan surgiendo y fomentar las actividades del deporte amateur.
Objetivos exigen inversiones millonarias y una gestión empresaria tan eficaz como exigente, una situación que la Ley de Fideicomiso no aporta ni puede aportar por su propia estructura estatutaria. Por tanto, sin inversiones ni gestión idónea, Racing no podrá superar el momento sino prolongar su agonía, que se agudiza si desciende de categoría y es difícil que -por otro sendero-encuentre el objetivo de volver a la altura de su trayectoria y significación social. Son valores que debe tener en cuenta el juez Gorostegui en la resolución que debe dar a conocer en los próximos días.
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