Esta Torneo Clausura bien puede denominarse el «tragatécnicos». Durante martes y miércoles se jugó recién la 11ª fecha, y los directivos de los clubes acuciados por el descenso o los que sufren una seguidilla de derrotas parecen tener siempre listo el «dedo en el disparador»: y los receptores del disparo son los directores técnicos, que no son otra cosa que los chivos emisarios para frenar las protestas generalizadas de sus seguidores. Los menos dicen que, cambiando la cara de un técnico, los jugadores tienen otras motivaciones. Algo que la realidad no demuestra.
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A menos de una docena de fechas jugadas, ya debieron hacer sus valijas MacAllister en Belgrano, Batista en Argentinos, Llop en Newell's, Osvaldo Sosa en Chacarita, Brown-Enrique en Nueva Chicago, Clausen en Independiente y ayer mismo, luego de la derrota de Unión en Santa Fe ante Chicago, renunció toda la comisión directiva en pleno para que el presidente tenga las manos limpias para actuar en consecuencia. Síntesis, Griguol está buscando trabajo.
De pronto, si el tema termina ahí, el porcentaje sería alto, pero seguramente no será el último. El fantasma del descenso tiene a casi todos sin dormir. Entre ellos, no se podrá soslayar la figura de Cesar Luis Menotti en Rosario Central, que vale decir que ya fue emplazado para lograr un triunfo en la fatídica fecha 13ª nada menos que frente a Newell's en el clásico rosarino.
Fosatti, quien parece tener un ofrecimiento para dirigir a la selección de Uruguay, con Colón está cumpliendo una campaña irregular, transitando por la mitad de la tabla. Se sabe que un triunfo lo pone en carrera para clasificarse entre los primeros, pero otra derrota haría que el equipo no se ubique entre los seis que jugarán el año próximo la Libertadores.
Un caso parecido al de Miguel Brindisi, donde el equipo pierde por goleada, gana también por amplia diferencia y vuelve a perder. Ya estuvo a punto de irse, pero por ahora sigue con «pase libre» para seguir en funciones. También en la cuerda floja está Mario Ballarino, quien, si bien confirmaron que se quedará hasta la finalización del Clausura, un par de derrotas más terminaría con su trabajo en Talleres.
Aimar también estaba «encañonado», pero el equipo fue sacando pecho y -caso similar al de Garisto-ganó partidos, levantó puntos y las acciones de los técnicos volvieron a cotizarse a la altura de sus antecedentes. En cambio, el caso del chileno Manuel Pellegrini tiene diversas aristas. Se sabe que el técnico resolvió alejarse de San Lorenzo. ¿Causas? Muchas. Pidió que le compren jugadores y no lo hicieron, vendieron más de lo aconsejable, dijo que no podía hacer frente a dos torneos en forma consecutiva... Los resultados (malos por cierto) están a la vista. Sólo sigue un tiempito más si es que San Lorenzo le gana por más de dos goles a Peñarol y clasifica en la Copa.
De los veinte equipos que disputan el torneo sólo unos pocos pueden «dormir sin frazadas»: a Ramón Díaz --por ahora no le va nada mal con este River con altibajos; Ramacciotti está en la vidriera grande y con aspiraciones más grandes todavía; Tabárez comenzó a encontrarle la vuelta a un Boca que hasta hace un par de semanas estaba en deuda con su gente; Merlo ya hizo lo que tenía que hacer el año pasado y tiene argumentos como para consolidar un equipo que se forjó a «pura lucha»; y Craviotto aprovechó el tiempo en Estudiantes para hacerles creer a sus hinchas que su propuesta era válida. El resto tiene que seguir dando respuestas, en un torneo de «vacas flacas», como el propio país.
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