Hay premisas que se deben dejar bien claras: este Sub-20 de la Argentina fue más o --mejor dicho-es mucho más que Egipto. Se dijo que el fútbol se había nivelado. ¿Donde? Es posible que uno observe un partido de este mismo equipo en Europa y le dé otra impresión, que pueda mostrar (con un rival similar) una dinámica diferente, pero cuando se enfrentan con otro fútbol, por ejemplo sudamericano, se le vuelan todos los papeles.
La diferencia se produce porque estas selecciones, por caso, Finlandia (días pasados), Egipto (ayer) o como se llame, no están acostumbradas al juego moderno que despliegan los grandes de hoy, como la Argentina, Brasil, Francia, Inglaterra, por nombrar algunos. Estos equipos del «subdesarrollo» futbolístico no saben de ciertas cuestiones básicas: rotación, toque, freno, enganche, túnel y ese repertorio al que no son sometidos habitualmente.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Si a esos ingredientes, que a veces parten de lo individual y, otras, en lo colectivo, se les suman precisión, dinámica de juego, aprovechamiento de espacios y -fundamentalmente-pressing, pasa lo que pasó ayer. No importa que Egipto haya salido casi con un gol en su favor desde los vestuarios, menos que el equipo haya tomado repentinamente un dispositivo defensivo, tampoco que hayan abusado del físico como consecuencia de la torpeza de manejo y de la altura de sus jugadores.
Para ver en plenitud a este equipo de la Argentina, habrá que esperar. Por lo menos, que termine esta zona y comiencen a cruzarse los mejores de cada grupo.
Que, en definitiva, terminan siendo (en su mayoría) los mismos de siempre. Las diferencias entre la Argentina y Egipto, ayer, fueron las mismas que se expusieron en la cancha.
Funcionaron los circuitos colectivos. Esta vez, no fueron sólo Romagnoli y Saviola, que otra vez se cansaron de desparramar talento, sino que se sumaron Coloccini-Colotto, en defensa; Cetto, Seltzer y Ponzio, para trabajar en las dos puntas como enlace (con llegada); y un gran desempeño de Maximiliano Rodríguez, manejando la pelota para la salida ofensiva. Sería injusto no destacar el esfuerzo de Medina y de Herrera, aunque, de pronto, no hayan estado a la altura de sus compañeros.
Aunque habrá también que destacar las actuaciones de Rosales (ingresó por Saviola) y de D'Alessandro (por Romagnoli), quienes no sólo reemplazaron con solvencia a los «próceres» de este equipo, sino que, además, pusieron una cuota de alto sentido de practicidad y, por momentos, hicieron que el juego fuera un regalo para la vista.
Egipto -finalmente-fue un equipo híbrido, sin luces, con pocos matices, pero habrá que decir que, en el saldo general, no es para tanto ni para tan poco. Se ensombreció en la medida en que la Argentina lo esperaba y atacaba en bloque. Demasiado para un equipo mecanizado, con pocas individualidades como El Ya-many (autor del gol), Abou Moslem y Hamza. En síntesis, este partido sirve para las estadísticas y para aumentar esperanzas ciertas cuando lleguen exámenes más comprometidos.
ARGENTINA 7 - EGIPTO 1
Argentina: Lux; Cetto, Coloccini, Colotto; Ponzio, Medina, Seltzer, M. Rodríguez y Romagnoli; Saviola y Herrera. DT: Pekerman.
Egipto: Sobhi; Amin, El Atrawy, Ghali; El Magh, Shawky, Reyad, Moslem y Shebata; El Yamany y Hamza. DT: Shawky Gharib.
Goles: PT 4m El Yamany (E); 7m Saviola (A); 15m Saviola (A); 19m Coloccini (A); 44m Saviola, de penal (A); ST 9m Romagnoli (A); 12m Rodríguez (A); 22m Rosales (A).
Cambios: ST Rosales por Saviola (A); Adeh por Hamza (E); Gerisha por Shehata (E); 19m D'Alessandro por Herrera (A); 21m Mahamud por Reyad (E); 26m Arca por Romagnoli(A).
Dejá tu comentario