Todas las miradas se posaron en él, a sus espaldas o cara a cara. Las voces lo mencionaban. De un momento a otro, su nombre ocupaba espacios en los medios del mundo. Hace casi cinco años, Marco Trungelliti levantó la voz y desató una tormenta en el mundo del tenis. Había expuesto a las mafias de las apuestas sin saber que lo que vendría sería un camino lleno de oscuridad. Ahora, “sanar” es una palabra que elige mencionar, tal como decidió en aquellos días abrir el arcón de los secretos.
El viaje de Marco Trungelliti: del abismo por denunciar las apuestas en el tenis a las lágrimas por Djokovic
El santiagueño denunció el accionar de las mafias de las apuestas y vivió un calvario. En diálogo con Ámbito, reflexionó sobre su retorno al país y las emociones que vivió en este tiempo: "Pude sonreír", se sinceró.
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Marco Trungelliti y su regreso al país en el Challenger de Buenos Aires: "Puder sonreír".
“Trunge” nació el 31 de enero de 1990 en Santiago del Estero. En febrero de 2019 tomó la determinación más importante de su vida: en una entrevista a un medio argentino, reveló que había sido tentado para arreglar un partido (propuesta que rechazó); lo denunció ante la TIU, la Unidad de Integridad del Tenis con la que firman un acuerdo anual, y comenzó una sucesión de hechos que lo indujeron a un calvario. “Soplón” era un término recurrente en sus oídos.
El caso explotó. El tenis se dividió entre juicios de valor: los que lo apoyaban y quienes lo tildaron de acusar a otros, incluidos algunos jugadores argentinos que, en mayor o menor medida, fueron sancionados. “No me arrepiento para nada”, lanza, sin dudar, ante Ámbito en una charla en la que el sorpresivo frío porteño castigó al Challenger de Buenos Aires.
Trungelliti emigró a Andorra a fines de 2018, acuciado por su decisión, la cual, cinco años después, todavía sopesa como correcta. Desde entonces sólo regresó al país hace dos años por una situación familiar. Este torneo marcó su vuelta a una disputa en su tierra luego de competir por última vez en la qualy del Argentina Open 2019. La coyuntura local lo impactó más allá de estar siempre al corriente; se ríe con cara de duda e incredulidad cuando escucha una pregunta sobre el “lío” que se vive en las pampas.
“Internamente, duele”, explica, abrigado con buzo y capucha. Todavía el dólar es tema nacional, aunque el clima también se cuela entre los comentarios. El 236 del ranking ATP tiene una mezcla rara de tonada santiagueña con acento italiano. Pasa de un “desacostumbrao” a un “perché”. “No me hace muy feliz ver esto, porque ves que el país no progresa nunca; y si progresa en algunas cositas, en otras se va muy para atrás”, se lamenta.
Sabe que hay inseguridad e inflación. Pero lo afectivo lo moviliza. Volver a jugar en un torneo en Argentina puede significar la redención. No “perché” la necesite, sino porque quiere. Ya sanó, asegura, del caos que le generó exponer una realidad cotidiana del tenis mundial: un sistema imperfecto que genera que cientos de atletas acepten tener actitudes non sanctas para engrosar las cuentas bancarias.
“Pude sonreír, lo cual fue un paso adelante, pero no lo hubiese logrado si antes no hubiese sanado un poquito aunque sea. Si venís con tanto odio, rencor o mala predisposición para lo que te toca vivir, es normal que la pases muy mal. El tiempo que pasó fue muy importante para decidir yo cuándo quería volver”, le confiesa a este medio. Trungelliti atravesó la qualy del Challenger de Buenos Aires y luego perdió en primera ronda de singles y en dobles junto a Federico Delbonis. El triunfo fue otro.
Su esposa, Nadir Ortolani, fue un factor determinante para volver a competir en el país. “El primer partido fue pesadito, emocionalmente me gustó mucho”, cuenta, aunque se sincera al decir que a pesar de que ese duelo fue corto, le costó físicamente.
“Esto era competir, exponerme otra vez a un situación que me hizo muy mal y no sabía si realmente estaba preparado. Al final sí, estaba preparado, pude jugar, pude sonreír”, argumenta luego de revelar que al llegar a Argentina sintió “cosquilleos” por lo que iba a vivir.
A sus 33 años, “Trunge” no tiene claro si volverá a disputar un certamen local. “Voy a dejar que fluya”, dice el padre de Mauna, que nació los últimos días de 2022 y tiene nacionalidad andorrana. La logística, el crecimiento de su hijo y todo lo que vivió lo llevan a pensar que el futuro no está escrito.
La experiencia local fue buena. Más allá de los resultados, volver a jugar en Argentina y visitar a sus familiares fue muy satisfactorio, aunque eso haya revivido malos recuerdos. “Si no hubiese levantado la voz, probablemente sí me hubiese arrepentido porque estaría con vergüenza. Es mi personalidad, no podría vivir con la culpa. Estoy tranquilo con la decisión que tomé”, dice hoy sobre haber revelado lo que sucede con las mafias de las apuestas. No obstante, se sintió desprotegido por parte de aquellos que debían resguardarlo.
Periodista: ¿Haber contado todo tuvo secuelas?
Marco Trungelliti: Obviamente que trajo aparejadas consecuencias que no sabía que venían, que no estaba preparado para eso y sobre todo mentalmente. Por todo, las reacciones que hubo acá, o las que no tuvieron ni la ATP, ni la ITF, ni la WTA ni ninguna de las asociaciones o mismo la TIU. Para eso sí que no estaba preparado. Hay gente que no dice nada. Yo no puedo lidiar con eso. Es lo que yo creo que está bien, el sistema no sé, jaja.
Se ríe con ironía. En varias oportunidades. Una prueba fehaciente que lo peor quedó atrás. Gran parte de eso, además de que el tiempo todo lo cura, fue la ayuda profesional, circunstancia que Trungelliti valora en demasía. “Me costó mucho, todavía no lo entiendo”, recalca. Juan José Grande, reconocido psicólogo, fue determinante.
P.: ¿Recurriste a algún profesional o encaraste todo solo?
M.T.: Tuve un psicólogo, “Juanjo” Grande. Lamentablemente falleció el año pasado, fue un golpe bastante áspero. Aun así, no se podía hacer mucho, porque yo estaba muy lastimado, muy dolido, y no tenía manera de escalar. No competía por lesiones, que probablemente sucedían por mi estado mental. Había tantas cosas que él no podía hacer magia. Te daba herramientas, pero si vos no podías o no querías, sólo quedaba tener paciencia. Lógicamente, todo el trabajo que él hizo tomó color dos o tres años después desde que empezó eso. Siempre voy a estar agradecido.
P.: ¿En algún momento pensaste: ‘Por qué tengo que pasar por todo esto’?
M.T.: Me costó mucho, sobre todo cómo me miden como una vara de exigencias a mí, cómo teóricamente debería haber actuado, y cuando ves cómo tratan a los demás. Deja mucho que desear. A mí no me saludaban y a los otros hacían de cuenta que no había pasado nada.
En un deporte de altísima globalización y con millones de dólares en cada mesa, a veces la competencia se transforma en un sálvese quien pueda. La palabra “hipocresía” no es frecuente de escuchar, pero sí de advertir. “Es entendible la doble vara. Pasaron muchas cosas, se dijeron muchas mentiras, y hasta que yo decidí hablar, esa mentira había circulado a lo loco. Se hizo una historia, la gente se inventó cosas”, se queja, aunque su convicción es inamovible: “Para mí la historia es una sola, está clarísimo, y después está en cada uno para dónde quiere empujar”.
En las últimas horas, algunas declaraciones de Trungelliti sobre Novak Djokovic y su decisión de crear una nueva asociación de tenistas –la PTPA, presentada en sociedad en 2020- llegaron a oídos del propio N°1 del mundo, quien le hizo llegar su apoyo al santiagueño.
El transmisor del mensaje fue el español Carlos Gómez-Herrera, exjugador y uno de los coaches del serbio. Trungelliti había disputado el primer partido de la clasificación y hacía la recuperación física en una bicicleta fija del Racket Club cuando sonó su celular. Era el ibérico, que le enviaba el respaldo de “Nole”. Sus ánimos explotaron.
“Obviamente que lagrimeé un poco, entre las emociones que había tenido dentro de la cancha, que recién salía, y encima me llega ese mensaje, casi me da un patapum, jaja”. Otra vez la mezcla de modismos argentinos con tonada europea. Y la sinceridad sin ocultar lo que siente. “Me parece hermoso, viniendo de alguien que está en la elite, ocupado en tantas cosas pero con la cabeza donde la tiene que tener. Tiene los pies sobre la tierra, y lo demostró”, reflexiona.
Trungelliti es uno de los jugadores más requeridos en el Challenger de Buenos Aires. Entre su exposición mediática a raíz de sus declaraciones, y su prolongada ausencia en el país, todos quieren saber de él. Espera que tanto su historia como la repercusión por los dichos de Djokovic hagan reflexionar a muchos jugadores para que acompañen su denuncia y no sientan que evidenciar lo sucedido conlleva un castigo. Esperanza, una conclusión que dejan sus palabras. La misma que tuvo antes de que empiece la tormenta.
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