Ferrer-Wawrinka, una final de lujo
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Ferrer y Wawrinka, frente a frente
La semana del helvético fue lo contrario de la de su rival. Jugó bien todos los partidos, con pequeños altibajos, pero ganando con autoridad. Tampoco tuvo contrincantes que lo lleven al límite, pero a veces los deportistas se confían en su mayor nivel y terminan cayendo.
Wawrinka llega a la definición sin perder sets, con pocos games cedidos y casi sin quiebres en contra. Almagro fue quien más oposición le planteó. Aunque haya ganado en dos parciales, la victoria no fue fácil.
Fue una batalla pareja la que se dio en el Horacio Billoch Caride. La paridad llegó hasta el octavo game, cuando el número 2 de Suiza tuvo su primer punto para quiebre. Almagro ejecutó su segundo servicio, pero el juez dijo que había tocado la red. El español le reclamó que se desconcentró porque a un ball boy que estaba detrás de Wawrinka se le había caído una pelota. El murciano volvió a tener dos saques, pero cometió una doble falta y perdió el servicio.
Allí Almagro se fue completamente de partido. Perdió el primer set y en el segundo salió con su enfado por las nubes. Siempre fue irascible, pero muchas veces eso lo ayudó a sacar encuentros complicados.
No fue precisamente ese el caso en esta oportunidad. Si bien empezó a pegar con mayor violencia, también falló mucho más y Wawrinka tomó todo lo que le dejó el número 11 del planeta. Fue catalogado como el "duelo de reveses", pero paradójicamente, el suizo fue más contundente con su derecha.
El punto final de Almagro llegó cuando desperdició un punto de quiebre a su favor y Wawrinka le gritó algo en español. En el descanso, ambos discutieron y el público se puso del lado de "Stan". Más cercano a un partido de Copa Davis que del circuito ATP, el clima en las tribunas acompañó la alegría del suizo.
Son los dos mejores del torneo y cada uno tiene sus ventajas para la final. Wawrinka es más potente de ambos lados y supera con claridad a Ferrer en el revés y el saque. Para el español juega a favor la superficie y la temperatura. El resto físico inclinará la balanza si el partido se hace largo.
"Ferru" jugó la final de 2010 y ganó la de 2012, mientras que ésta será la primera para el suizo, que acredita dos títulos en polvo de ladrillo: Umag en 2006 y Casablanca en 2010 (además fue subcampeón en Gstaad 2005, Stuttgart 2007 y el Masters 1000 de Roma en 2008). El español es un especialista en este tipo de canchas, con nueve campeonatos y 11 definiciones.
La final arrancará a las 14 y se espera un estadio colmado. La promesa de buen tenis está a la orden del día. El primer clasificado enfrentará al tercero y podría ser el quinto trofeo consecutivo para un español. Más allá de las diferencias, los dos comparten una similitud: buscan la gloria en Buenos Aires.




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