Se dijo: de ahora en más puede pasar cualquier cosa. Argentina venía de menor a mayor y su trabajo de ayer llegó a una altura inusitada, venciendo nada menos que a Italia. Sufriendo en los partidos iniciales de las dos primeras rondas (Australia y Japón), haciéndose fuerte en los segundos (China y Bulgaria) y con un volumen de juego sorprendente como con Portugal y como el de ayer ante los tetracampeones mundiales de Italia, con un contundente 3-1 (25-17, 24-26, 25-22 y 25-20. Un resultado que le permite ir a cuartos de final invicta para jugar con Francia y hacer que dos colosos como Brasil e Italia deban eliminarse entre sí. Claro, para eso aún faltan dos días. Ahora es tiempo de análisis y festejo.
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Tal vez la clave fundamental estuvo en el primer set, donde los italianos fueron sorprendidos por un juego contundente de Argentina. El juego defensivo y contraataque de Argentina y las dificultades que tenía Italia para parar los «mandobles» cruzados que llegaban por vía de Elgueta (goleador de la noche y de gran labor) y Milinkovic, siempre con el apoyo de las pelotas rectas de Spajic y Bidegain para ayudar siempre en el bloqueo no encontraban respuesta.
La fibra apareció en el tercer set, disputando toda pelota que llegara a campo argentino. Atrás, Meana levantó no menos de tres pelotas de esas que se denominan «imposibles», Weber realizó un perfecto trabajo de armado, Conte aportó tranquilidad y experiencia, Elgueta y Milinkovic lo dicho: una potencia desconcertante para los italianos.
En realidad, si a este encuentro le faltaba algo fue la decisión de Getzelevich para que los italianos no puedan leer con claridad el juego de Argentina. Ingresaron Giani, Spajic, Darraidou y Porporato. Italia se deconcertó y se llegó a ese resultado histórico.
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