17 de febrero 2002 - 00:00

Independiente ganó clásico opacado por la violencia

Independiente derrotó como visitante a Racing Club por 2 a 1 y ratificó una paternidad ancestral sobre su clásico rival de Avellaneda, durante un partido que se jugó mientras dos hinchas fallecían en el hospital Fiorito y un niño de 12 años se debatía entre la vida y la muerte a causa de enfrentamientos entre ambas hinchadas.
   
En medio de noticias luctuosas, Matías Vuoso, de penal, y Matías Silvera convirtieron los goles de Independiente, que mostró pocas luces en el campo, pero pegó en los momentos indicados para celebrar nuevamente a domicilio, esta vez por la segunda fecha del Torneo Clausura de Primera División.
   
Gerardo Bedoya, cuando quedaba poco tiempo, convirtió el descuento para Racing, que exhibió similares penurias futbolísticas que el campeonato pasado, aunque este domingo careció de suerte, de puntería, y sobre todo, mostró que ya no tiene hambre de gloria.
   
Con este resultado, Independiente extendió a ocho partidos la racha positiva, con cinco victorias y tres empates, en la casa de su rival, donde no pierde desde el 31 de diciembre de 1993.
   
El primer tiempo fue una lágrima, un partido de potrero en el que 22 voluntariosos corrían, se pegaban y tiraban la pelota para arriba, sin contemplaciones, ni respeto por el espectáculo.
   
En medio de ese show de desaciertos, Independiente tuvo un tiro libre a favor y el envío fue tocado por la mano por Ubeda, en una jugada grotesca, porque la pelota ya había superado la línea de peligro y estaba por perderse por el otro extremo.
   
Pero el árbitro Claudio Martín cobró penal y Vuoso --de lo mejorcito de Independiente en esa etapa-- lo canjeó por gol, con un remate seco y recto, cuando iban 15 minutos.
   
Antes y después de esa jugada, Racing ejerció cierta superioridad en el mediocampo. Así, logró lanzar centros al área y merodear cerca del arco rival, al punto que en dos oportunidades sus delanteros no pudieron empujar al gol pelotas que pasaron cerca de la línea.
   
Sin José Chatruc, marginado al banco de suplentes, Racing careció de conductor, ya que Gustavo Barros Schelotto, el elegido para cumplir con esa función, ofreció su sacrificio, pero le faltaron brillos como para darle fluidez al circuito del local.
   
Además, Independiente defendía bien --sobre todo con Mariano Pernía y José Zelaye-- y Bedoya remató alto en la única vez que Racing logró quebrar a la disciplinada última línea del Rojo.
   
El partido tomó un poco más de vuelo en el segundo tiempo, porque Reinaldo Merlo incluyó a Chatruc y a Diego Milito. De esa forma, vigorizó el ataque de su equipo y le sumó acompañantes a Estévez, quien comenzó a tener injerencia en los últimos metros.
   
El mediocampo era propiedad del local, pero Independiente se agazapó y trató de hilvanar respuestas de contragolpe, aunque pocas veces acertó, y, para colmo, Pablo Cuba aportaba casi nada y vivió con nerviosismo su debut con la camiseta del Rojo.
   
La mejora de La Academia se reflejó en las situaciones de gol: Vitali estrelló un remate en el travesaño, Zelaye salvó en la línea un cabezazo de Bedoya, Rocha contuvo una estocada de Estévez y desvió una volea de Ubeda, en tanto que Maciel disparó desde fuera del área y su remate pasó cerca. Todo eso hasta los 35 minutos.
   
Pero estaba dicho: los goles que no se hacen un arco se sufren en el otro y a los 36, el debutante Insúa --había ingresado un rato antes-- comandó un contragolpe que culminó con un cabezazo franco de Silvera, con el que puso el partido 2 a 0.
   
Con las mismas herramientas, los dirigidos por Néstor Clausen coquetearon con el tercer tanto, pero Bedoya clavó el 2 a 1 con frentazo de pique al suelo y le insufló dramatismo a los últimos minutos del clásico.
   
Cuando Gabriel Loeschbor --el héroe del último clásico-- cabeceó desviado un centro desde la derecha, los 7 mil hinchas de Independiente respiraron aliviados pero claro está, el festejo quedó recortado por otra tarde de terror inexplicable.
   

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