20 de febrero 2018 - 21:05

La increíble historia de la esquiadora que sorprendió a todos con su ridícula rutina en los Juegos de Invierno



La historia de Elizabeth Swaney es una de las tantas maravillas que nos regalan los Juegos Olímpicos. La estadounidense de 33 años logró cumplir su sueño de ser olímpica, pero para ello, debió transitar un increíble camino y competir con otra bandera.

Es habitual ver en estos certámenes a atletas sin ningún dote para el deporte que practican. La mayoría busca un pariente lejano o se une a una federación de algún país remoto donde no hay deportistas federados para poder estar en la máxima cita deportiva.

Antes de esta experiencia, Swaney intentó cumplir su sueño de la mano del remo y el patinaje, pero no lo logró y cuando apareció la oportunidad de llegar a los Juegos Olímpicos de Invierno no lo dudó. Aprendió a esquiar en Utah y, aprovechando la nacionalidad de su madre, se unió a las filas del equipo húngaro.

Sin aprender un solo truco, se clasificó a los Juegos PyeongChang 2018. ¿Cómo fue eso posible? Gracias a su perseverancia y a saber elegir aquellos torneos con menos de 30 participantes. Como ella no se caía (gracias a que no realizaba ningún truco) y otras sí, terminaba logrando más puntajes y así reunió el número que necesitaba para lograr el pasaje a los Juegos Olímpicos de Invierno. Lo consiguió en 13 citas, una cifra enorme para el Ski. Incluso se fue hasta China para seguir acumulando puntos.

En Pyeongchang mostró una rutina realmente ridícula, donde iba de lado a lado de la pista sin ningún truco o salto y a una velocidad lentísima. Obviamente no logró la clasificación a las finales, pero lo insólito fue que no terminó última en su grupo. Con 30 puntos superó a la francesa Anaix Caradeux y a la japonesa Yuri Watabe. Todo, por no caerse. Y por no rendirse en el objetivo de lograr su sueño.

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