23 de septiembre 2002 - 00:00

La inteligencia de River fue la clave del triunfo

Se terminó la incógnita para dar paso a las conjeturas, que durarán seguramente más de una semana y quedarán reflejadas en las estadísticas y por su importancia puede ser también en la historia. River ganó y paró a este Independiente del asombro, pero para gestar este resultado habrá que puntualizar algunos elementos gravitantes: una actuación excepcional de Comizzo, mantener la serenidad durante todo el juego como la tuvo River y no cometer los errores que a Independiente le resultaron de elevado costo.

Conceptos que tirados sobre el teclado parecen incomprensibles, pero que en el análisis global no lo son tanto. Independiente y River jugaron un primer tiempo de alto nivel. En lo emotivo, en lo futbolístico, en lo estratégico y en lo práctico. Teniendo como fundamento el control de la pelota en la zona donde hubiera algún hueco para maniobrar.

Tal vez a Independiente le costó algo más el protagonismo, simplemente porque Serrizuela y Federico Domínguez -si se adelantaban-podían utilizar sus espaldas como camino fértil para la salida de River, a veces de contraataque, a veces moviéndose con la salida que le podía dar el tándem Pereyra-D'Alessandro para encontrar en el camino ofensivo al «Chori» Domínguez o a Fuertes, dos solitarios peleando y esperando la llegada de algún compañero. Tampoco River podía hacer desprender ni a Garcé ni a Rojas, un poco más adelantados a Ayala y Demichelis (de gran trabajo) pero siempre cerca y atentos a cualquier intento que se produjera por los laterales con la ayuda de Lucho González, Pereyra y Zapata. A pesar de eso, Independiente, con el aporte de Montenegro, Insúa y Guiñazú, fue creando situaciones como las que tuvo Silvera, Federico Domínguez y Ríos, que hicieron que Comizzo debiera apelar a todo su oficio, que es más que elocuente.

El resultado se mantuvo dentro de la incógnita, porque si bien el arquero Díaz no trabajó de la misma manera que Comizzo, su arco pasó por momentos de apremio. Se podría decir que se mantuvo hasta pasado algo más de un minuto treinta del complemento, precisamente hasta el gol de "Lucho" González

El partido -de ahí en más-no decayó en intensidad, pero claro, no tuvo el nivel futbolístico de minutos anteriores. Comenzaron a pesar las necesidades: la de llegar al empate por parte de Independiente y la de conservar el resultado en River. Gallego jugó sus cartas. Entró Pusineri (por Ríos), Rivas (por Insúa) y Eluchans (por Guiñazú), pero el que acertó fue Pellegrini con Astrada (por Pereyra), dándole mayor consistencia al andamiaje defensivo; y fundamentalmente con Cuevas (por Domínguez) que le dio velocidad a la salida para el contraataque, hasta que en uno de ellos la pelota terminó en los pies de D'Alessandro y fue «cosa juzgada».

Dejá tu comentario

Te puede interesar