El resultado no es más que una anécdota. Bielsa debe estar muy contento por ese 2 a 0 (que cerró el año) pero seguramente lo estará mucho más si analiza el rendimiento del equipo. Aunque digan que el planteo fue el mismo, no es cierto que tuvo la misma dinámica que el que lo hace en las eliminatorias. Sin embargo, habrá que levantar banderas -y quedarse más que conforme-si se analiza el rendimiento individual.
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De lo que estamos seguros es de que a esta hora el que debe estar bastante preocupado es Meza, el técnico de México, que en febrero debe jugar un hexagonal por las eliminatorias. El conjunto que dirige se mostró lento, sin alternativas, con escasa vocación ofensiva, con pocas variantes e impreciso cuando trató de darle un poco de velocidad a la pelota. Lo rescatable es que, aunque deberá enfrentar a equipos de vuelo bajo -y en eso no hacemos nombres para no herir susceptibilidades-, no es mucho margen el que lo diferencia de los demás de Centroamérica. Ni hablemos cuando debe soportar un pressing sostenido.
Bielsa no se equivocó si pensó que era una buena oportunidad para hacer debutar a jugadores (mechándolos con algunos históricos) por si necesita incorporarlos en caso de ausencias posibles, si es que Argentina logra la clasificación en un par de fechas en las eliminatorias.
La ortodoxia del fútbol dice que un buen equipo se forma con un buen arquero, un marcador central seguro, un hombre de contención en el medio y un centrodelantero eficaz. Lo encontró, a pesar de que esta vez jugó sin un número nueve clásico y sin el aporte habitual de Ortega y un «Chelo» Delgado con muchos altibajos.
Si bien es cierto que en este partido de Los Angeles Burgos tuvo poca tarea, cuando intervino demostró una eficiencia que hace pensar cuáles son las razones por las que en España no actúa en el equipo titular. Salvo que delante suyo haya un «monstruo» de esos que hacen vegetar a cualquier arquero, cosa que no creemos. Lo que sí encontró Bielsa fue un Milito de una categoría de excepción, capaz de reemplazar a cualquier marcador central. Seguro en el anticipo, ganando cuando la pelota llegaba por arriba, poniendo la punta de sus botines para desviar la pelota cuando algún delantero mexicano llegaba con alguna chance. Lució a gran altura y -sin dudas-fue el jugador de la cancha.
En un escalón más abajo se colocó Crosa, un juvenil que se movió como si hubiese llevado la casaca argentina por mucho tiempo.
Hablar hoy de la categoría de Simeone sería redundante. Basta con decir que mostró el despliegue de siempre, pero esta vez le puso una cuota de seguridad pocas veces vista. También resultó destacable el trabajo de Castromán (a pesar de brillar en un solo tiempo).
Salida segura, movilidad, rotación y siempre un toque sobre el compañero que se moviera a su lado. El primer gol (cabezazo de Solari) llegó tras una gran jugada suya. Tampoco se puede dejar de señalar la prestancia y movilidad de un Cambiasso seguro, preciso en la salida, dándole destino cierto a cualquier pelota que pasara por el medio. Con decir que los demás no desentonaron se puede llegar a determinar -sin margen de error-que el saldo fue más que satisfactorio.
La selección de Argentina terminó el año. Bielsa con lo que tiene en Europa y lo que puede reunir en el país tiene argumentos sólidos como para pelear a la altura de cualquier representativo de Sudamérica.
Tampoco se puede soslayar que en tan pocos días el equipo se haya parado en la cancha como el más experto de los conjuntos, con una actitud agresiva y un pressing (por momentos asfixiante) que no dejó pensar al adversario.
Lo que no se explica es cómo, teniendo tantos valores y una cuota de talento como pocos, el fútbol doméstico de nuestro país se mueva por carriles tan estrechos y en el torneo que acaba de culminar haya habido más sombras que luces.
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