Leo Mayer, la primera pieza clave de la Copa Davis que colgó la raqueta

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El correntino le puso fin a una carrera en el tenis que incluyó dos títulos y la Ensaladera de Plata. "No la estaba pasando bien, hasta acá llegamos", le reconoció a Ámbito.

Los héroes son reales y los hay de todo tipo. Hay héroes sin capa, sin corona, sin exposición. Hay héroes sociales y culturales, referentes que inspiran día a día a millones. Hay héroes deportivos, capaces de emocionar y recibir vítores por donde caminan. “Estos son los últimos aplausos”, dice Leonardo Mayer, cuando los cientos de espectadores truenan sus manos durante el Challenger de Buenos Aires. Es un héroe con una Ensaladera de Plata en sus manos. La cima de una carrera en el tenis que ahora tiene punto final.

La Copa Davis fue la gran cuenta pendiente del deporte argentino hasta que un cuarteto formidable canceló la deuda. Será imposible no asociar a Mayer con la gesta de aquel 27 de noviembre de 2016 en Zagreb.

El correntino, de 34 años, no se siente cómodo en el papel de leyenda de las raquetas argentinas. Siempre se manejó en forma humilde, sincera, pero sin subirse a ningún caballo que no le correspondía. “Esta es mi última conferencia, no quiero estar más delante de los micrófonos”, suelta en el Racket Club, sede del Challenger de Buenos Aires. Minutos después, entre el apuro por ver a su familia y la atención a los medios, dialogó con Ámbito.

Mayer debutó profesionalmente en el tenis en 2003. Dueño de un estilo franco, sin especulación, a todo o nada, el “Yacaré” llegó al puesto 21 del ranking ATP en 2015. Ganó los títulos de Hamburgo en 2014 y 2017 y jugó otras tres finales. Aunque las cinco definiciones fueron sobre polvo, su tenis era ideal para las canchas rápidas.

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La forma explosiva de jugar, sus títulos, los episodios en la Copa Davis, la fama, entre varias otras cosas, lo pusieron en la primera línea de fuego ante flashes y micrófonos, un precio que al correntino le costó gestionar. Con el tiempo, en 2019, aparecieron ataques de pánico y la consecuente merma deportiva. La decisión de alejarse del tenis decantó naturalmente, entre la pandemia y algunos resultados adversos.

- ¿Qué fue lo más costoso de jugar al tenis?

El costo, en mi caso, es que a mí no me gusta estar muy expuesto. Eso me generaba más presión, más stress en el día a día. Hubo muchos momentos en que no me gustaba. Pero era lo que tenía que pagar por jugar bien al tenis, se ve, ja. Uno no está listo con 22, 23 años, para generar esa exposición.

- ¿Te sentís más liberado, más relajado, después del retiro?

Estoy mucho más tranquilo realmente. No la venía pasando bien, me costaba muchísimo la competencia. Si no podés competir bien en este deporte, no sirve. Creo que estaba bien. Hasta acá llegamos.

Ese “hasta acá llegamos” lo ejecuta con seriedad, en una clara prueba de que ya había superado los límites deseados. El deporte de elite sabe de proezas, pero también de presiones inexplicables.

Ostrava, República Checa. 11 de julio de 2009. El joven Leonardo Mayer, de 22 años, salta al acrílico súper rápido del Cez Arena junto a José Acasuso para enfrentar a Radek Stepanek y Tomas Berdych, el doble local. El equipo europeo finalmente ganaría 3-2 la serie, pero el “Yacaré” jamás olvidaría su debut en la Copa Davis en un equipo liderado por Juan Martín Del Potro. Comenzaba una historia de amor correspondido; el “Yacaré” siempre sacó lo mejor de sí mismo en el legendario certamen. Terminó con un récord de 15-9, con 11 victorias y 4 derrotas en individuales.

Casi seis años después, el propio correntino sería protagonista de un hecho tan colosal como dañino. El 7 de marzo de 2015, en el estadio tubular armado en Tecnópolis, venció al brasileño Joao Souza por 7-6 (4), 7-6 (5), 5-7, 5-7 y 15-13 en 6 horas y 42 minutos. Se trató del duelo de singles más largo de la historia de la Ensaladera, y el tercero más prolongado de la Era Abierta del tenis. Pese al esfuerzo, le quedaron energías para saltar de alegría. Luego llegaron las lágrimas.

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Mayer concluyó ese partido con los pies muy lastimados, sin poder caminar –arrastró secuelas físicas toda la temporada- y en un hospital cercano para aplicarle suero debido al desgaste y la deshidratación. Tiempo después, la Federación Internacional de Tenis implementó el tie break en el quinto set. En 2018 cambió el formato del certamen y se juegan todos los choques al mejor de tres parciales.

Después de aquel episodio, “Leo” se transformó en un superhéroe tenístico para la hinchada nacional. Salir vencedor de una batalla épica, en la que Argentina estaba obligada a ganar, lo elevó al máximo de popularidad.

- ¿El cariño de la gente y el respeto de tus pares fue lo mejor?

Eso es espectacular, obviamente. Es lo más lindo del tenis. Lo mejor era cuando ganaba y la gente me aplaudía.

- Más allá de las redes sociales, ¿pudiste hablar con tus compañeros de aquella gesta?

Hablé con ellos, pero siguen en campaña y yo estoy más tranquilo.

- ¿Todavía no asumís que sos una figura rutilante del tenis argentino?

Me voy a convencer, pero es difícil con la vorágine del circuito, viajes, partidos. Ganás un torneo un domingo y el martes ya jugás contra otro. Para atrás no mirás nunca, tenés que mirar para adelante porque sino te ganan. Todavía no corté eso.

Mayer sonríe, mira su celular. Quiere ir a comer con su familia. Recibe el saludo de muchas personas que están inmersas en el mundo del tenis. También el cariño de los fanáticos. El momento más emotivo lo vivió minutos antes en la cancha central del Racket cuando Gabriela Sabatini le entregó una plaqueta para reconocerlo.

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Leonardo Mayer y Gabriela Sabatini, durante el último Challenger de Buenos Aires.

Leonardo Mayer y Gabriela Sabatini, durante el último Challenger de Buenos Aires.

Su historia está íntimamente ligada a un nombre: Daniel Orsanic. Cuando el exdoblista asumió a fines de 2014 como capitán argentino, Del Potro estaba en plena lucha con las lesiones de su muñeca. Semanas antes, con Martín Jaite en el banco, fue Mayer quien sostuvo al elenco nacional en el Grupo Mundial en el repechaje ante Israel, jugado en EEUU.

La victoria del correntino ante Souza no quedará en la historia simplemente por la duración, sino porque le dio entidad al proyecto de Orsanic. Por aquellos días el elenco nacional afrontaba las series con una bandera celeste y blanca que rezaba “Un equipo, un país, un sueño”. Era el resumen de la idea que buscaba imponer el capitán: que no haya un cúmulo de figuras y sus egos, sino un grupo que se consolidara para ganar la Copa Davis. Sin triunfo ante Brasil, la final en Zagreb no habría existido.

El punto culmine llegó en 2016, con el gran triunfo argentino. Tras las victorias ante Polonia e Italia, llegó el momento de viajar a Glasgow para enfrentar a Gran Bretaña, último campeón. “Delpo” derrotó a Andy Murray el viernes y Argentina llegó al domingo 2-1 arriba. Sebastián Gutiérrez, asistente técnico, hizo precalentar al tandilense antes del quinto punto para confundir al rival. La trampa había funcionado: el local dispuso que jugara Daniel Evans, a quien Mayer venció en cuatro sets.

Dos meses después Argentina se coronaba en Zagreb en uno de los episodios deportivos más grandes de la historia nacional. El correntino sólo jugó el doble, pero su tarea ya estaba hecha.

- ¿Fuiste feliz mientras jugaste al tenis?

Fui feliz. Hubo momentos que no, pero en la mayoría sí lo fui. Me dejó mucho, una constancia impresionante en lograr un objetivo. Eso en el tenis es increíble, te da un trabajo, una disciplina que es importante en el día a día. Hay días que uno no quiere entrenar y hay que hacerlo igual, no se puede decir que no. Eso te da una mentalidad muy fuerte.

- Así como se practica la técnica y la táctica, ¿falta un entrenamiento para lo mental y emocional?

No sé si falta, pero creo que a veces se le exige más a un deportista que a un político. Y se le critica más. Se machaca más a los deportistas que a gente que supuestamente está lista para hacer cosas. Nosotros estamos para jugar al tenis, no para dar explicaciones de lo que pasa.

- ¿Qué pasaría si tus hijos te dicen que quieren jugar al tenis?

Les diría que entrenen con otra persona, no conmigo, jaja. Me encantaría que jueguen, yo los apoyo. En un deporte de equipo también. Si eligen el tenis les podré dar un poco más de herramientas para lo que van a enfrentar.

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Pasaron 376 partidos a nivel ATP, de los cuales ganó 179. Choques encarnizados con Rafael Nadal, Roger Federer, o el propio Del Potro. Este año, después de perder en la qualy de Wimbledon ante el santiagueño Marco Trungelliti, Mayer llegó a una decisión. Ya sin voluntad de entrenar, era el momento del retiro. “Yo quiero seguir metido en el tenis, tratar de ayudar con todo lo que yo aprendí. Sería entrenador, lo viviría más tranquilo desde afuera”, le dice a este medio antes de reencontrarse con su mujer y sus tres hijos.

Es raro ver al “Yacaré” de “civil”. Sus tiempos de bolsos y raquetas ya quedaron atrás. Ahora luce una remera blanca con la emblemática camioneta que usaban los hippies de la década del 60 para trasladarse. Toda una referencia: ahora empieza un nuevo viaje para Mayer.

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