7 de septiembre 2005 - 00:00

Quilmes y Vélez, a mano

Quilmes y Vélez se repartieron los puntos en un partido carente de técnica, muy luchado y en donde prevalecieron los roces y los fouls por sobre el juego prolijo.

Si se lo analiza desde una mirada conformista, la igualdad deja satisfecho a los dos equipos, porque Quilmes logró mantener su invicto y llegó a los 9 puntos, mientras que su rival -luego de perder las dos primera fechas del torneo-parece que está recuperando por momentos el nivel que lo llevó a coronarse campeón del Clausura pasado.

El partido transitaba por la intrascendencia, porque Vélez manejaba bien la pelota, pero carecía de profundidad y porque Quilmes -a pesar que presionaba en la mitad de la cancha-tenía menos el balón y tampoco generaba peligro en el arco de Sessa.

Sin embargo, bastó que Leandro Gracián (de escasa participación hasta ese momento en el partido y aún menor en el segundo período) enviara un perfecto centro desde la izquierda para que Claudio Enría, de cabeza, marcara el 1-0, a los 17 minutos, ante una tardía reacciónde Ramírez. Con el impulso anímico del triunfo parcial, Centurión se perdió el segundo al minuto.

Vélez era mucho más no sólo por juego sino también por actitud a partir de la solidez defensiva, el buen trabajo de los volantes y la movilidad de sus delanteros.

De a poco el partido se volvió a jugar en la mitad de la cancha, pero Quilmes asumió otra actitud, salió a buscar el empate, pero le faltó fútbol y juego para superar a la defensa visitante. Con dos centros y dos cabezazos estuvo a punto de empatar. Esa fue la única vía que encontró el equipo dirigido por Aimar para llegar a la igualdad. Y así llegó al empate, a los 43', cuando un tiro libre desde la derecha de Torres, de gran pegada, encontró la cabeza de Desábato.

En el segundo tiempo el partido decayó respecto del primero, se jugó en la mitad de la cancha y casi no hubo peligro en las áreas.

Predominaron los roces y el juego brusco, que fue permitido en exceso por el árbitro Sequeira.

El partido encontró su final entre las intenciones de uno, las ganas del otro y las «piernas fuertes» de ambos.

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