River se quedó con las manos vacías. No pudo con Huracán y ese 1 a 1 final bien puede traerle el disgusto más grande del año. Más si se tiene en cuenta que un triunfo lo ponía apenas a un paso del campeonato (que ahora, a la luz de los resultados, está un punto debajo de Boca, cuando pudo estar uno arriba). Así es el fútbol. Pensar que minutos antes sus hinchas vibraban de alegría.
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Salir al campo de juego con el resultado sabido tiene sus ventajas, pero en algunos casos -como el de River que conocía de la derrota de Boca-crea un cosquilleo primero, un estado de nervios después y esa adrenalina que hace que la imprecisión sea una constante.
A River le pasaron dos cosas curiosas: lo que se señala en el párrafo anterior y el gol de Sa-viola (a los 15') que sirvió como bálsamo para que River encontrara tranquilidad, el orden que le es característico y los aciertos y deficiencias que parecen ser parte de su patrimonio. Eso quiere decir un equipo punzante, incisivo, contundente de medio campo hacia arriba y con flaquezas, vacilaciones e imprecisiones a la hora de defender.
Un rápido repaso a las situaciones que tuvieron uno y otro equipo le da a River un saldo favorable. Sin embargo, aunque se haya dicho una y mil veces, la pelota hay que hacerla llegar a la red. Los brasileños suelen decir: «el que no fais, toma» (que en buen romance significa que lo que uno erra el otro lo hace. Y a River le pasó.
Sucedió que River se movió bien por el lado de Placente (en la salida), en el manejo de Gancedo, en algunas (sólo algunas) mandadas de Aimar y la movilidad de Saviola. Aunque siempre terminó resolviendo por sus individualidades. Con el agravante que en esa paciente espera de Huracán siempre quedó algún resquicio para filtrarse sobre el arco de Bonano, que tuvo dos o tres intervenciones de importancia. A River se le complicó el panorama cuando Soto (a los 12 del complemento) capitalizó una pelota que Chaparro «puso como con la mano». Se adelantó a Bonano y envió sobre la salida para decretar el empate. Todo River salió como empujado, pero con desorden. Tanto que la totalidad de los ataques terminaron en pelotas por elevación que hicieron que Moner, Morquio y Lobos (en ese orden) finalizaran casi con la cabeza «abollada» de tantas pelotas que envió la gente de River para conseguir ese gol, que seguramente tendrá enorme incidencia en la fecha final. De nada valieron los cambios. Fue poco lo que pudo imponer Cardetti, Cuevas y Hernán Díaz. River se hacía facil de la pelota en la zona media, pero ni Ganceso ni Zapata podían imponer claridad a tanto desorden. Sólo Aimar trataba de poner alguna pelota en profundidad para los muchos delanteros que incursionaban el área de Huracán.
La búsqueda fue infructuosa porque en la medida que pasaban los minutos todos (sin excepción) recurrieron al pelotazo como única arma para llegar al bol. River quemó todas sus naves... y Huracán siguió esperando pacientemente. El reloj siguió corriendo y al final los que festejaron fueron los de Boca. Ni siquiera los de Huracán. La gente de River se fue del estadio con la sensación de haber perdido el campeonato. Era su gran oportunidad. Aunque en fútbol nunca está dicha la última palabra.
River: Bonano; Franco, Paz, Yepes, Placente; Coudet, Gancedo, Zapata, Aimar; Saviola y Angel. DT: Gallego. Huracán: Ríos; R. Graieb, Morquio, Lobos, Moner; Mon-salvo, Carrizo, Garipe, Chaparro; Soto y Gabrich. DT: Babington. Goles: PT 15m Saviola (R); ST 12m Soto (H). Cambios: ST 11m Monsalvo (H), 24m Cardetti por Franco (R), 33m Cuevas por Coudet (R), 35m H. Díaz por Zapata (R), 43m Parra por Chaparro (H), 45m Gareca por Graieb (H).
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