11 de junio 2001 - 00:00

San Lorenzo, un campeón sin retaceos

Leandro Romagnoli festeja el título.
Leandro Romagnoli festeja el título.
Sería fácil simplificar este San Lorenzo campeón definiéndolo como el equipo más regular y el más sólido del torneo. Tal vez, por ello, tanto grito contenido en ese cabeza a cabeza con River hizo que quedara tanta gente dentro de la cancha como miles a su alrededor pugnando por entrar y millares que se quedaron prendidos al televisor para unirse a un festejo que no se declamaba, pero que en cada interior sus hinchas ya gozaban desde hacía una semana.

Alguno puede creer que por estas horas hay algún hincha de San Lorenzo que pueda estar pensando en el impecable trabajo de contención de Michelini, de ese escalonamiento que formaron Serrizuela en la contención, Tuzzio en la salida y la movilidad (por momentos imparable para San Martín) de Estévez. O puede existir otro que exalte los valores innegables del trabajo de Michelini en la marca, o la inspiración de Romagnoli, o la capacidad de anticipo de Ameli y -fundamentalmente- Coloccini, o la salida precisa de Saja, o las entradas de Romeo (el goleador del torneo) que terminan generalmente en la red.

Hoy todo San Lorenzo festeja porque esta historia comenzó hace once fechas, precisamente después del traspié que tuvo con River y donde el chileno Pellegrini moldeó (y diagramó) en el terreno su obra de ingeniería como lo que es. Además de la cuota de sacrificio, de entrega, constancia, perseverancia, les fue haciendo entender a sus jugadores que cada uno de ellos podía aportar una pequeña cuota de talento. Algunos más, otros menos... pero que en la suma de ellos se podía encontrar la respuesta en el marcador.

En San Lorenzo no llega un jugador aislado o definido al área rival. La pelota puede venir por derecha, donde el oficio de Tuzzio puede ser fundamental, A veces, por el manejo de Leo Rodríguez con menos aire, pero con mayor precisión. Otras por el propio Erviti (como el segundo gol de ayer) o cualquiera que ponga algo más a su condición natural. Tal vez el arma más positiva de este equipo se resume en una palabra: tenacidad. La potencia que nace a veces desde su propia área y que va buscando huecos como si fuera un laberinto.

Sería injusto hablar de este San Lorenzo de ayer, como también lo era hablar del ajustado triunfo ante Boca y de la contundencia con que definió un partido sumamente difícil con Argentinos Juniors. Lo suyo siempre fue modesto. Sabiendo quizá que era más que su adversario pero nunca subestimándolo. Trabajando la pelota desde el medio, ejerciendo un pressing donde intervenían todos. Achicando espacios para que ningún intento prosperara. Vale señalar que Unión llegó una sola vez armado y el resto fueron tiros libres (uno de ellos terminó en golazo).

Por eso el Bajo Flores esta vez fue una fiesta. Dos horas antes ya la capacidad parecía colmada. Sin embargo, seguía entrando gente. En realidad nadie sabe si es que tenían entradas o si se colaban por algún agujero no detectado.

A nadie se le pasaba por la mente que Unión pudiera sobrepasar el empate. Aunque por las dudas estaba River, que tampoco podía con Lanús. El partido debió terminar antes. En nuestro país parece ser que «los energúmenos mandan» y los jugadores debieron salir sólo para no empañar lo que legítimamente ganaron y someterse a los peligros de una turba que no sabe de razones. Una vez más no hubo vuelta olímpica. Una verdadera lástima.


SAN LORENZO 2 - UNION 1

San Lorenzo: Saja; Serrizuela, Ameli, Coloccini y Paredes; Tuzzio, Michelini, Erviti y L. Romagnoli; R. Estévez y Romeo. DT: Pellegrini.

Unión:
Castellano; A. Donnet, Valli, F. Ortiz y San Martín; O. Vera, Mazzoni, G. Castillo y M. Donnet; Parmiggiani y Silvera. DT: Pumpido.

Goles:
PT 7m Romeo (SL), de penal, 28m Erviti (SL) y 44m Castillo (U).

Cambios: ST Israilevich por Vera (U), 13m Zapata por M. Donnet (U), 15m Pusineri por Erviti (SL), 30m L. Rodríguez por Romagnoli (SL), 32m N. Fernández por Castillo (U) y 33m Abreu por Romeo (SL).

Estadio: San Lorenzo.

Arbitro: Gabriel Brazenas.

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