«Gracias, gracias, me han dado una máquina de ensueño», gritó Michael Schumacher vía radio al box de Ferrari apenas después de haber circulado a marcha lenta cuando le bajaban la bandera a cuadros, recibiendo el aplauso de sus técnicos y mecánicos y culminando lo que fue un verdadero y triunfal paseo.
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Ganador otra vez desde el inicio hasta el fin, con cuatro victorias en cinco carreras y 21 puntos de ventaja sobre el colombiano Juan Pablo Montoya, su nuevo escolta, Schumacher confirmó en el Gran Premio de España que podrá ganar con gran anticipación su quinto título mundial e igualar la mítica marca del argentino Juan Manuel Fangio.
Utilizando la máquina de reserva, ya que la titular había sufrido un problema hidráulico en el entrenamiento matutino, Schumacher tuvo una impecable largada y, con un andar demoledor que acumulaba un segundo de ventaja por vuelta, fue despegándose cada vez más de su hermano Ralf (Williams), hasta llegar con 23 segundos delante a la vuelta 24, cuando efectuó su primer pit-stop.
Montoya, que estaba tercero con una marcha inteligente (no forzó nunca a su Williams, consciente de su inferioridad), saltó al segundo puesto después de un percance técnico de Ralf Schumacher en el giro 27, que le hizo perder 26 segundos y resignar sus remotas esperanzas de lucha por la primera plaza.
Con una ventaja final de 35 segundos y medio sobre el colombiano, el GP de España fue una pasarela triunfal para Schumacher, que confirmó la extraordinaria eficiencia global de su Ferrari F2002, traducida en una apabullante superioridad: no sólo batió su propio récord de la pista, en su poder desde el año pasado, sino que consolidó como el piloto con más victorias en la Fórmula 1 (57 sobre las 51 de Alan Prost).
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