Sorpresa por la cantidad de argentinos en el Mundial

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Wolfsburgo, Alemania - ¡No tiene precio ver ganar a la Selección de fútbol en un país extranjero y por un Campeonato Mundial! Es una sensación única vivir una jornada así en un día de temperatura primaveral, en un estadio moderno con organización casi perfecta.

No menos de 10.000 argentinos ocupaban una gran parte de las tribunas el sábado en el estadio de la ciudad de Hamburgo. Todo con un increíble griterío y una parafernalia de artículos de todo tipo con los colores celeste y blanco que llegó a molestar al público alemán y, desde ya, a alrededor de 1.500 simpatizantes de Costa de Marfil ubicados en el lado opuesto.

Vimos en la ceremonia inaugural y en el partido que Alemania derrotó 4 a 2 a Costa Rica en Munich que el público germano lanza estribillos aislados que son voceados nunca por más de 1 minuto y muy aisladamente se repite eso. En cambio, los argentinos -unos 3.000 llegados desde la Argentina, pero casi duplicados por connacionales residentes en Europa- son de cantos permanentes, con estribillos conocidos en nuestras tribunas en Buenos Aires. En lugar del famoso «¡Yooooo soy bostero, es un sentimiento, no puedo parar. Olé olé olé olé olé ola, cada día te quiero más!», se cambia «bostero» por «argentino». Pero como tenemos nuestra particular forma de ser, también se canta (aunque en castellano, por lo cual se supone que la mayoría extranjera no lo entiende) «que esta noche nos c....... a los negros de Marfil». Los alemanes son tan cuidadosos, que justo fuera del estadio, ya transcurridos los controles (rigurosa revisión uno por uno de cada espectador, hombres para hombres y mujeres policías para mujeres, pero no se solicita el pasaporte como falsamente se decía) colocan estrados donde cada grupo simpatizante de distintos países son invitados a subir y, a coro, con micrófonos y gran sonido lanzan cantos o expresiones por su seleccionado. Ni imaginar cómo fue aprovechado esto por los argentinos que siguieron cantando en toda el ala del estadio de Hamburgo que ocupaban. Pero esto molestó a la concurrencia.

  • Silbidos

    Cada vez que el arquero argentino sacaba la pelota, la rechifla era ensordecedora, exageraban los gritos por cada foul simple de los jugadores nuestros y se oyó más sonoro el grito del gol de Costa de Marfil que los dos de Argentina, por lo cual la mayoría del estadio, evidentemente, quería que el equipo africano nos igualara. La cantidad de camisetas argentinas, de banderas, los más inverosímiles sombreros, pelucas y las pintadasen los rostros no se diferenciaron para nada de la algarabía propia de una tribuna de Boca o de River cualquier domingo en Buenos Aires. Es lo que ve con simpatía el televidente argentino cuando las cámaras enfocan tribunas como nota de color, pero debemos saber que en la cancha irritamos y todo hace pensar que vamos a tener siempre tribunas en contra. No atraemos simpatía como los brasileños con cantos alegres y agraciadas damas muy ligeras de ropa. Aparte de eso, al equipo argentino se lo ve como rival serio del alemán y las simpatías se vuelcan naturalmente hacia el más débil que nos enfrenta. Eso se contrapesa con lo bien que hace a los jugadores argentinos tener tantos compatriotas enfervorizados en las tribunas.

    No es fácil ver un Mundial. Generalmente uno se estaciona en una ciudad, en este caso Wolfsburgo, a una hora de Hannover, donde está la planta automotriz cubierta en una sola unidad más grande del mundo, de Volkswagen, y donde se encuentra Autostadt (ciudad del automóvil de dicha empresa alemana). Precisamente Volkswagen es el que invitó a unos setenta argentinos entre empresarios, periodistas, gente del mundo del espectáculo como Susana Giménez y su pareja Jorge Rama, algunos ex jugadores de fútbol como Sergio Goycochea. Pero resulta que desde el centro, donde uno se establece, cada concurrencia a los partidos significa 4 o 5 horas de viaje en micros. Como cada encuentro se hace a las 3 o 4 de la tarde y 9 de la noche, los restantes partidos uno no los puede ver por TV porque está viajando. Por caso la delegación no pudo ver el triunfo de miembros de la AFA, por ejemplo -aunque no sus altos directivos, como Julio Grondona-, están instalados a 40 minutos de Munich y les llevó más de 11 horas trasladarse hasta Hamburgo para ver el sensacional triunfo argentino del sábado. Los micros alemanes son muy cómodos y tienen que serlo porque a cada equipo lo hacen rotar para jugar en ciudades distintas, adonde van los sacrificados hinchas de cada uno de los seleccionados en un peregrinaje constante por Alemania. El comportamiento de empresarios argentinos puestos en grupos adquiere tal fervor -sobre todo en sus vestimentas estrafalarias con los colores nacionales- que no se diferenciarían mucho de los barras bravas argentinos. En Hamburgo se podía ver a un Ignacio de Mendiguren con camisetas argentinas, a Héctor Méndez de la UIA agitando banderas, a Javier Tizado y su hijo con camisetas de Chacarita; o los argentinos radicados hace largos años en Europa que traían camisetas de Boca o River de aquella época con la leyenda FIAT. Un Héctor Massuh no llegó a ponerse la camiseta pero sí los gorritos. Susana Giménez tampoco, pero lucía una vestimenta impecable que tenía en lentejuelasbordadas, luciendo sobre su agradable pecho, en forma vertical la bandera argentina. Jorge Rama, que es uruguayo, llevaba una correcta camisa blanca.

    La gente de Volkswagen cuida mucho a la estrella. Aunque estaba en un asiento más de la delegación en la tribuna común, la trasladaron en auto particular y no en el micro con el resto del grupo y se la ubicó en la ciudad de Wolfsburgo en un hotel especial distinto al resto, e inclusive se la hizo salir del estadio antes de que terminara el partido para evitar aglomeraciones. Pero igual la estrella tuvo que sobrellevar que decenas de hinchas viendo el partido se quisieran fotografiar con ella, a lo cual accedió permanentemente.

    Otra sorpresa del estadio es, como en cualquier cancha argentina, la cantidad de banderas identificando nuestras ciudades o barrios. Se podía leer Mar del Plata, Rosario, San Telmo, Catamarca, Chivilcoy.

    El partido de Hamburgo y el que presenciamos de ceremonia de apertura en Munich muestran características de organización que no conocemos en la Argentina. Por caso, las 5 cuadras del estacionamiento de micros hasta el estadio mostró a hinchadas rivales caminando juntamente con sus camisetas y banderas sin que se registrara ninguna agresión. Argentinos fotografiándose en el camino con los morochos de Costa de Marfil: era de no creer para los que en Buenos Aires estamos acostumbrados a los mapas que publica la Policía diferenciando hinchadas para las calles de acceso a las canchas. Mucha gente en Alemania va a los estadios en taxi y eso hicimos en Munich dos argentinos. Temíamos al salir quedar aislados en medio de 60.000 espectadores. Sin embargo, a 2 cuadras de la rampa de salida del estadio circulaban centenares de taxis.

    Toda Alemania hoy es Mundial de fútbol. Se venden carteras de mujer estampadas con el césped, los arcos y áreas de las canchas. Las alfombras frente a los mostradores de las compañías aéreas también son verdes con arcos. En los aviones se entrecruzan hinchas con banderas de los más diversos países. Por ahora nadie molesta a nadie.
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