Todo terminó en papelón: enfurecidos, hinchas de Santos suspendieron el partido que clasificó a Independiente
Con el partido empatado sin goles y a falta de 12 minutos para el final, la parcialidad local comenzó a pelearse con la policía y el partido no pudo continuar. Luego de una semana bochornosa por el mal manejo comunicacional de la Conmebol, los de Avellaneda sellaron su pase a cuartos por la inclusión indebida de un jugador en el partido de ida. Punto final de una serie para el olvido.
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Independiente desperdició un penal en los pies de Maximiliano Meza, que podría haber sentenciado la serie ante Santos, pero con el empate 0-0 y los tres goles de ventaja que le otorgó Conmebol por la mala inclusión de un rival, avanzó a los Cuartos de Final de la Copa Libertadores.
Y las imágenes que dejó el encuentro fueron aún más funestas, con un sector violento de la hinchada del peixe enfrentándose a la policía para protestar por una sanción que consideran injusta, y el propio entrenador de Santos, Cuca, implicándose en la pelea ante unos agentes desbordados.
A la espera del acta oficial del partido, Independiente clasifica a los cuartos de final, donde se verá con el vencedor de la llave entre Racing y River Plate.
• Tensión.
Nació ardiendo este choque entre dos gigantes de Sudamérica, que a las diez Libertadores que acumulan entre ambos le sumaban esta vez un choque administrativo. En las oficinas de la Conmebol se había decidido poco antes lo que el Santos consideraba una condena a muerte para su temporada.
Ni la autorización a última hora para alinear al Pato Sánchez aliviaba a los brasileños de lo que su presidente había calificado de un "juicio político" a la entrada del Pacaembú.
Necesitaba el Peixe un milagro y en 90 minutos. Por ello se lanzó como un ciclón al césped de un estadio abarrotado por una hinchada que no pensaba dejarle solo en el día más tenso del año.
El brío, la rabia y el ruido eran suyos, pero los números de los argentinos, que apenas necesitaban dejar pasar la tormenta.
Y a punto estuvieron de zanjar la discusión sin cumplirse aún los primeros diez minutos, cuando Vanderlei falló en un saque de puerta que recogió Meza. Llegó entonces para arrollarle Lucas Verísimo, que mantenía vivo el sueño de su equipo mientras los visitantes pedían penal.
Bascuñán dejó seguir y, para entonces, Gabigol ya se había plantado frente al arquero del Rojo, el uruguayo Martín Campaña tras un frenético contraataque.
Ese era el camino que debía seguir este Santos desesperado si quería asustar al Rojo, pero los minutos le fueron apagando la fuerza y el Rey de Copas tomó las riendas de un juego que empezó a tropezarse en una madeja de faltas.
Apenas se le ocurría nada en el mediocampo al Peixe mientras el Pacaembú comenzaba a asimilar una eliminación que parecía inevitable.
Solo en el 39 consiguió Gabigol aprovechar un buen pase de Sánchez que asustó a Martín Campaña y dio algo de calor en la fría noche de Sao Paulo. Se reactivó la apasionada afición de Santos que aún encontraría un motivo más para seguir creyendo: el penal que le atajó Vanderlei a Meza a dos minutos del descanso.
El arquero, que acababa de derribar a Hernández en el área, se redimía así ante una hinchada que celebró la atajada como un gol, como si todavía pudieran salvarse.
• Bochorno.
Para lograrlo, sin embargo, necesitaban al menos tres tantos en 45 minutos y no parecía esta tarde destinada para los milagros. Sí para la protesta, como la que el Santos ha prometido estirar hasta las más altas instancias por lo que entiende como una enorme injusticia.
Pero, con toda la atención fuera, el juego era cada vez más un trámite. Refrescó las ideas del Santos la entrada del costarricense Bryan Ruiz y lo siguió intentando Gabigol en ofensiva, pero no fue suficiente.
El protagonismo pasó entonces a ser todo del sólido Vanderlei, que salvó a su equipo de los peligrosos empujes de un Rojo que ya se veía en cuartos.
Entonces comenzaron a oírse los primeros estruendos en el campo y el Pacaembú acabó convertido en una zona de guerra que coronó con una imagen lamentable una jornada en la que no dejó de hablarse de fútbol, pero en la que no se vio apenas nada.




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