7 de octubre 2002 - 00:00

Triunfó Boca, sin exigirse

Fue una cuestión de actitud. Boca ganó cuando se lo propuso y si sufrió demasiado fue por su propia culpa, ante unVélez juvenil que -aunque puso tres delanteros-lo respetó mucho y no pareció nunca un rival de peligro.

Habrá que señalar que las individualidades del equipo deTabárez fueron fundamentales. Carlos Tévez desequilibró con su habilidad en toda la cancha y el gol que consiguió (apenas a 9 minutos) fue prueba de ello. Marcelo Delgado -aunque intermitente-cuando apareció fue poco menos que imparable para sus marcadores. Ibarra aportó sus proyecciones ofensivas al estilo brasileño, con algunos lujos, y Guillermo Barros Schelotto -cuando ingresó- definió el partido con un gol de alto nivel que demuestra que ya no quedan secuelas de su lesión.

Frente a esta realidad, Boca se enfrentó a unVélez timorato, con dos líneas preparadas para defender y tres delanteros aislados -que no eran bien abastecidos-simplemente porque no había ningún mediocampista que jugara como enlace. Boca le regaló a Vélez el terreno y la pelota durante los 30 minutos iniciales del segundo tiempo, que en ese lapso no creó una sola situación clara de gol, lo que pone en evidencia la falta de profundidad o inoperancia del sistema impuesto por Ischia.

Con decir queAbbondanzieri recién se lució faltando dos minutos para el final, al tapar un remate de Darío Husaín, cuando el partido ya estaba definido. Circunstancia que hace inexplicable que Boca se haya conformado con el gol tempranero de Tévez y dejara de presionar, arriesgando un triunfo que se anti-cipaba claro, pero que en una diferencia de un solo un gol podía complicarse. Es como si se hubiera «aferrado» inútilmente a ese inconsistente uno a cero y para no arriesgarlo hacía rotar la pelota de derecha a izquierda, muy lejos del arco que defendía Gastón Sessa.

Estos vaivenes hicieron que el nivel del partido no pasara de lo discreto. En definitiva, quedó en un Boca que no quería y un Vélez que no podía y se debatía en sus propias limitaciones, en verdad luchando para encontrar alguna fórmula de llegar al gol. Ladino y Jonás Gutiérrez estaban más preocupados en las subidas de Clemente Rodríguez y Hugo Ibarra que en desbordar por los costados para habilitar a sus delanteros y, por el medio, Bustos tenía que suplir a un «inmóvil» Falcón, que jugó lesionado y se notó en demasía. Darío Husaín probó en bajar unos metros para favorecer el enlace entre mediocampistas y delanteros, pero se notó mucho su falta de oficio para esa posición y casi no participó del juego, facilitando el trabajo de los tres zagueros de Boca, tan sólidos que ni siquiera necesitaron ayuda para anular aValdemarín y Nanni, que tampoco desentonaron con el resto de sus compañeros, mostrando una mani-fiesta falta de movilidad que terminó por ayudar aun más a sus rivales.

Boca hizo un planteo «a la europea», con tres zagueros y dos marcadores laterales que partían desde la mitad de la cancha, para convertirse en defensores o delanteros según la posición de la pelota. Clemente Rodríguez fue el gestor del gol de Tévez y Hugo Ibarra ganó siempre que se lo propuso, aunque los dos prefirieron sumarse al toque «anodino» que proponían Cascini y Donnet, para sumarse (de alguna manera) a la creación que tenía solamente a Tévez como abanderado.

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