Entre el miércoles 19 y el jueves 20 de diciembre de 2001, los dos días que la Argentina vivió un estallido de violencia, saqueos y caos político y económico, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires tuvo una de las alzas más importantes del año y el índice Merval creció 24,77%. También el volumen negociado fue notable, llegando a los 25,2 millones de pesos (en esos días también dólares) el miércoles y 35,2 millones el jueves. Empresas como Pérez Companc, Telecom, Banco de Galicia, Siderca, Repsol YPF, Atanor y TGS mostraron alzas por encima de ese promedio y vivieron una revaluación en dó-lares que se contraponía a las bajas cotizaciones que sufrieron en los meses anteriores.
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En realidad, no se trata del análisis de dos realidades diferentes o de un divorcio de la situación de la realidad social de la Argentina de la economía. Mucho menos se trató de una especulación sobre el rol que podrían tener las empresas cuyas acciones crecían en la Argentina de un futuro sin Fernando de la Rúa. El motivo de tamaña distorsión es simple. Los inversores y ahorristas habían encontrado dentro del mercado de capitales un mecanismo simple y absolutamente legítimo para poder retirar dólares del «corralito» que Domingo Cavallo había impulsado desde el primer día hábil de diciembre de 2001.
La operatoria era simple. La transferencia de dólares al exterior quedó suspendida por decisión de Domingo Cavallo, pero no la venta de acciones de empresas que cotizaran en Buenos Aires pero que tuvieran ADR cotizando en Nueva York. Los inversores compraban entonces valores de esas empresas en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires con dinero del «corralito» y a las pocas horas vendían esas tenencias en Wall Street, cobrando el dinero en dólares. La operación se efectuaba con cierta prudencia, ya que en los días previos al 19 de diciembre la Bolsa local no tuvo mayores alzas más allá de incrementos de 2% en algunas jornadas. Había temor a controles, sobre todo impositivos. Sin embargo, la proyección del fin del gobierno de De la Rúa y el recrudecimiento de la crisis llevaron a los operadores a perder el temor a los controles, o a que los miedos sobre el porvenir local superaran cualquier riesgo financiero. Así las cosas, muchos inversores con dinero en el «corralito» multiplicaron sus compras en la Bolsa de esas empresas y vendieron millones de dólares en Wall Street, cobrando en efectivo en dólares.
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