Mucho antes del dictado de las nuevas medidas económicas, 7 de cada 10 empresarios habían bajado precios y costos de todo tipo como estrategia de supervivencia desde enero de este año.
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Cuando la restricción de retiro de efectivo ni siquiera estaba pensada, 75% de las PyMEs y grandes firmas aseguró que la caída en las ventas era «el principal obstáculo» al que se enfrentaban y que esto se debía a «la considerable disminución de la capacidad de compra de los consumidores».
Aparte de las ventas, 57% de las empresas tuvo problemas con las cobranzas y 1 de cada 4 postergó sus proyectos de inversión a corto plazo, de acuerdo con una encuesta realizada en más de 180 empresas de todo el país de la consultora Braidot y Asociados.
Consecuentemente, 76% de los empresarios reconoció que este año bajó visiblemente la rentabilidad de su compañía y que esto se debió en «59% a problemas financieros y operativos».
En la lista de conflictos también aparecen citadas por 40% de los encuestados la carga impositiva, la obtención de crédito con altas tasas y la gran cantidad de requisitos que solicitan los bancos. Sólo 20% de las compañías se quejó de la inseguridad jurídica y de la guerra de precios.
Tal como indicó la Coordinadora de Actividades Mercantiles Empresarias (CAME) que agrupa a los comercios de todo el país, «después de las medidas, las ventas cayeron hasta 80%» y aparecieron ofertas de 10% a 60% por pagos en efectivo.
«Hay un gran desaliento en el sector empresarial, que se profundizó con las nuevas medidas», dijo en diálogo con Ambito Financiero, Carlos Lac Prugent, uno de los autores del sondeo empresarial.
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