Una cuarta parte, clavada, del valor de las carteras de finales de 1999 está dando limpiamente cuando solamente faltan unos quince días para concluir el ejercicio. Un costo durísimo para un activo de riesgo, que potencia mucho más su pérdida al cotejarse contra activos de renta fija -y riesgo casi nulo-que deparan rindes en el mismo lapso.
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Curiosamente, el panorama focalizado del Merval y el del mercado accionario en general, por el índice Bolsa, se acoplaron casi de modo justo al arribar a este punto final del año. Ya las que no actuaban y se beneficiaban de un retardo asumieron también el costo de manera súbita y ante la falta de reacción del mercado. La chance de esperar sin abrir y después acaso retornar con un panorama más benigno no se pudo dar en este 2000 de corte netamente adverso.
Unos días más para consumir el año, difícil de prever algún golpe alcista que se pueda sostener mucho sin volumen de órdenes. Acaso para suavizar lastre en las carteras institucionales, se vean intentos por recortar pérdidas operando sobre papeles clave y amortiguando ese negativo grave de 25%. Se adivina que quedan pocos inversores individuales; el estrago ha resultado menor -a nivel masivo-porque hace un tiempo largo que las acciones no son plato del menú del inversor común.