Aquel ministro de Economía José Martínez de Hoz (1976-1981) inventó un índice de precios que le sacara el problema de la inflación. Lo llamó «índice descarnado», o sea incluía todos los aumentos de precios del mes pero no el de carne que era y es muy influyente en el número que resulta. Hoy en la Casa Rosada están estudiando dos aspectos de aquel ex ministro. Uno es vengativo: encargaron buscar «algo» para llevarlo ante la Justicia. Es sabido que este gobierno sigue creyendo que revolver pasados le da rédito y no logra ni el apoyo de los marxistas puros que lo acosan más que a los militares del Proceso, a cuyas cúpulas visitaban. En verdad, la gente está cansada de esta apoteosis actual del extremismo presentándose sólo como víctimas y nunca victimarios. El otro estudio es, precisamente, sobre aquel «índice descarnado», por similar problema con el alza de la carne que acosa hoy también al gobierno, más de 20 años después. Descontado que para nada toman en cuenta otra iniciativa presidencial posterior, la de Carlos Menem, que quiso privatizar tal medición.
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Es sabido que Alberto Fernández, jefe de Gabinete, apadrina al sindicalista Víctor Santa María, cabeza del gremio de los encargados de la portería de los edificios de departamentos que pidieron más aumento de salarios (más del elevado que hace 10 días ya consiguieron). Fernández y Santa María llegaron hasta el Presidente quien dijo que por ahora no podía meter nada porque «las expensas de edificios influyen mucho en el alza del índice de precios y estamos pensando modificar eso».
Dejemos de lado que es absoluta anomalía que las paritarias por aumentos se hagan ahora en la Casa Rosada pero modificar el índice de precios al consumidor por los porteros o «encargados» como prefieren que los llamen, no suena serio.
Modificar el «índice de precios» en un país puede ser normal cada tanto, digamos más de 10 o 12 años, porque varían los consumos, productos, sustituciones como costumbre de la población. Pero se hace técnicamente, no para disimular políticamente la real suba del costo de vida según convenga al gobierno de turno o para beneficiar a tal o cual sector.
Que hayamos cancelado la deuda con el Fondo Monetario no fue mala idea ni de consecuencias salvo en un aspecto que, por ejemplo, afecta mucho las inversiones extranjeras: no hay más un auditor imparcial externo que avale las cifras de las cuentas públicas que difunden hoy organismos del Estado. Ahora, si tampoco va a ser confiable la medición del alza del costo de vida...
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