Muchas veces, (en realidad casi siempre) uno no entiende porqué el mercado actúa como actúa, en particular cuando ya se sabe lo que va a pasar. Al preguntarse el jueves y el mismísimo viernes a la mañana a los inversores y operadores, con qué podría «destaparse» Alan Greenspan en su alocución en San Francisco, una mayoría casi absoluta afirmaba que «nada bueno». Sin embargo y a pesar de esto, el mercado abrió la última jornada de la semana en positivo (aunque es justo reconocerlo que sin demasiado entusiasmo) y se mantuvo así hasta pasado el mediodía. Para cuando el presidente de la Fed iniciaba su parla, todos los grandes índices hace casi una hora que se movían en negativo, pero al escuchar que aún existen «riesgos significativos en el corto plazo», los precios se precipitaron aún más, y para cuando sonaba la campana en el NYSE el Dow perdía 0,8% rompiendo la barrera psicológica de los 10.000 al quedar en 9.987,35 puntos, en tanto que el NASDAQ se desbarrancaba 1,21 por ciento. Es claro que no todo es culpa de Greenspan.
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Después de todo tomó las previsiones acostumbradas: que horas antes salieran a la palestra otros directivos de la Fed efectuando comentarios en un sentido contrario a lo que se podría estar sugiriendo (esta vez hablaron de que la recuperación de la economía está a la vuelta de la esquina) y las palabras del máximo banquero del mundo fueron tan crípticas como siempre. Sin embargo el mercado volvió a demostrar que las cosas están mal. Al menos así lo sugieren la merma de 0,34 por ciento que acumula en este corto año el Dow o el 0,235 perdido por el S&P 500 (es cierto que el NASDAQ aún gana 3,69 por ciento, pero esto significa realmente muy poco y puede cambiar de un momento para otro). Informate más
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